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Full text of "El tratado de la Asunción"

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SA Z33' 2'Z 



J^arijaríi CoUegc ILíiirarg 




THE GIFT OF 



EDWIN VER NON MORGAN 

(Cift&sof 1890) 



American Ambassador to Brasil 



, MANUEL BERNÁRDEZ 



EL 



Tratado de la ¿sanción 



AbÁ-ñú iba-í América p&-^nuairá 
ndó jeyaigüi ó ñá-^M^rápu-^. 



*^%^ 



MONTEVIDEO 

Imprenta Artística y LibrbicÍa, de Dosnaleche y Reyes 

Ciile del 18 de Julio, 77 y 79. 

a894 



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MANUEL BERNÁRDEZ 



EL 



Tratado de la Asunción 



Abá-ñfi ÜKt'l Amériea pe-munrd 
ndójeyaigüi ó ñd-acarápn-á, 

( TradncciiSn libre: La tierra del Indio es 
un mal para d progreso de Afnérica.) 



*^^^ 



MONTEVIDEO 
Imtrknta Artística y Librería, de DoRNALEt iík v 
Calle d€l 18 de Julio, 77 y 79. 

1891 




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Al Pueblo^ 
al Congreso y al Gobierno Paraguayo 




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El Tratado de la Asunción 



Etiología del tema 

El día que amaneció en Montevideo la noticia te- 
legráfica de que Bolivia y el Paraguay habían por fin 
zanjado su vieja contienda de límites, con el agre- 
gado insólito de que nuestro país había tenido una 
parte principal en el buen acuerdo firmado, hubo 
en la prensa y en la opinión un encogimiento de 
hombros. 

Sin embargo: acababa de resolverse un problema 
que diplomáticos sagaces habían abandonado desa- 
leñtadamente después de porfiadas tentativas, F^jar^^ 
vez la cuestión que había venido girando sobre ' 
piral celosa de la integridad del territorio 
realidad había estado reducida á la disputa d 
ñas leguas de Chaco salvaje, fué considíU'ada 
manera nueva, de una manera más científica 
sora, sobreponiendo al amor propio territorí 




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— 6 — 

á nada conducía, la mutua concesión de buena fe 
que debía ser vehículo de beneficios positivos para 
las dos naciones contratantes. 

Y era en esa manera nueva de encarar el litigio 
donde debía buscarse la influencia de nuestro país. 
La oficiosidad insospechable para el receloso para- 
guayo de su buen amigo el país oriental, logró desde 
luego que se volviese á la discusión sin rencor, dando 
entrada á la sinceridad en el cambio previo de con- 
cesiones. Entonces fué fácil disponer de una zona mo- 
ral más amplia para considerar el arreglo, y se vio, 
sin duda, que por razones de valor secundario, tal 
vez de valor dudoso, había astado retardándose du- 
rante años la solución procurada, — se vio recién tal 
vez que la diplomacia había estado defendiendo en 
su estéril integridad los dominios de la barbarie, 
á que tenía pleno derecho el progreso de aquellos 
pueblos y la civilización continental. 

A la formación del criterio verdaderamente político 
que vino á reaccionar contra el antiguo orden de co- 
sas y á determinar un acuerdo para matar al De- 
sierto — el enemigo común — concurrió nuestro país 
con sus buenos oficios y con las oportunas indica- 
ciones de carácter científico que supo incorporar al 
debate, poniendo en evidencia el alcance trascen- 
dental que la buena armonía entre Bolivia y el Para- 
guay iba á tener para todos estos países, elevando 
así la ecuación simple de una disputa territorial, á 
la potencia magna de un problema sudamericano. 

Las vastas proyecciones que la salida de Boiivia 
por esta región atlántica iba á ofrecer á los países 



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— 7 — 

de ]a hoya del Plata; el lisonjero estado de las 
gestiones iniciadas para llegar al arreglo que había 
de producir aquella salida abriendo la navegación 
del río Paraguay á Solivia; la forma de nuestra 
mediación en el litigio y aun la mediación misma, 
eran cosas ligadas entre sí que debían tomar de 
sorpresa, como tomaron, no sólo á nuestro país, sino á 
todos los pueblos masó menos interesados en el asunto. 
Hasta Boliviay el Paraguay fueron sorprendidos por 
la noticia de haberse concluido su vieja diferencia. De 
modo que la novedad con que fué recibida aquí era 
del todo justificada. Y la razón de la reserva obser- 
vada se explica fácilmente por la naturaleza misma del 
asunto, cuya solución, si se buscase á cartas vistas, 
sería probablemente entorpecida por los países in- 
teresados eu mantener indefinidamente las cosas en 
su actual estado. Sólo una absoluta discreción po- 
día tal vez evitar las influencias retardatarias de 
Chile, quizás de la Argentina y acaso del Brasil, 
según podría pensarse por una puWicación que ha 
hecho recientemente en un diario paraguayo el En- 
cargado de Negocios del Brasil en aquella Repú- 
blica. De todos modos, y fuese cualquiera la acti- 
tud del Brasil en este caso, creemos que el arreglo 
de Kmites (contando con el apoyo de los Congre- 
sos que han de sancionarlo) es cosa ya indestruc- 
tible por otra causa, para honor de la cultura y del 
Derecho de Gentes americano. No tememos una 
intervención aviesa del Brasil ni de nadie contra 
ese hecho llevado á término por la voluntad de 
dos países , soberanos, pues no habrá á buen seguro 



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— 8 — 

en América, á esta altura de la civilización, una 
nación bastante intrépida para echar sobre sí la 
responsabilidad de un atentado odioso, que no po- 
dría alegar pretérito ni atenuación alguna. Le ha- 
cemos al Brasil el honor gue merece su diploma- 
cia sensata y su crédito proverbial de pueblo 
culto, — y aun más honor le hacemos al considerar 
que no se prestaría á servir como instrumento de 
intereses extraños, — porque el Brasil sólo ventajas 
reportará del arreglo de límites concluido, sin que 
pueda infundirle inquietudes de ningún género; de 
suerte que su intervención contra él, además de ser 
una vía de hecho contra su propio interés, sería 
una oficiosidad á favor de tercero, un atentado por 
encargo sin causa confesable; y ni el Brasil ni nin- 
gún país altivo es capaz de aceptar tales persone- 
rías. (1) 

En cuestiones como ésta que tratamos no pueden 
sumarse sólo las razones abstractas de Derecho In- 
ternacional, para determinar la política y deducir la 
actitud de los Estados. Deben tomarse también los 
coeficientes de sus ventajas materiales. He aquí 
por qué vamos á considerar á continuación el inte- 
rés particular de cada uno de los países interesa- 
dos más ó menos en el arreglo paraguayo -boli- 

' ( 1 ) Los diarios del Paraguay nos trajeron posteriormente completa la 
publicación del diplomático brasilero, que al llegar aquí mutilada por el 
telégrafo, parecía indicar un designio de intervención tutelar del Brasil. 
Ko hemos querido alterar lo escrito btgo tal impresión, porque quede tam- 
bién expresada la dignidad y alteía de vistas que con justicia atribuía- 
mos á la política de la Bepública Brasilera. 



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— 9 — 

viano, sin olvidar el interés del Brasil, p^ÍEÉ'q 
quede más en claro, no sólo la vasta y ^^^^(^ 
importancia del problema que se resueh e, siijiPÍaj 
bien que ningún Estado, ni aun la JrgcntPua.jiiy 
aun Chile, ni mucho menoá el Brasil, pfte</nt'-ikr ^ 
ner interés legitimo en estorbar la consagrad 6 íMH 
Tratado paraguayo -boliviano. %5^ 




IT 



Un paraíso perdido 

Natural es que empecemos por Bolivia. Ella fué, 
su ansiosa y desvelada gestión de país encarcelado, 
la que con sus repetidas tentativas ha concluido 
por lograr la remoción del obstáculo. Además, es el 
país que más nos interesa presentar á América, para 
que se le aprecie, y se le ame, j se le tenga en lo 
que vale y en lo que promete, porque — ¡fenómeno 
característico de la ignorancia en que los pueblos 
americanos vegetan con respecto á su mutua impor- 
tancia y valía ! — Bolivia no ^s sólo un país des- 
conocido para el Plata, en cuyo caso se nos pre- 
sentaría con los prestigios de la novedad ; — Bolivia 
no es un país ignorado para nosotros; — es algo 
peor que eso : — es un país falsamente conocido, un 
país tenido en menos porque el azar de la guerra 
le ha sido contrario, razón para que se le creyese 
cobarde, — y porque los ejemplares etnológicos lle- 



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— lo- 
gados de su altiplanicie á estas regiones proceden 
de su masa indígena^ razón por la que se le con- 
sidera bárbaro. BoUvia es para nosotros el país 
de los coyas, es decir, una región cuyos naturales 
viven aun con los recursos espontáneos de la tie- 
rra ubérrima, vendiendo semillas milagrosas, explo- 
tando la superstición y creyendo en ella, ofreciendo en 
sus giras de nómades, plumas de cabnré de fascinan- 
tes virtudes, habas eficaces para todas las dolencias 
y pastitos simpáticos para el amor. A esto se re- 
duce nuestra idea general de Bolivia. Algunos es- 
píritus estudiosos, con bastante trabajo, han llegado 
á saber que en tal país la intelectualidad florece 
como planta oriunda, que sus hijos son altivos y su 
porvenir magnífico. Pero la idea deprimente pre- 
domina, — la creencia en un pueblo degenerado, fofo, 
errante casi, en una especie de bohemia americana, 
es la creencia ambiente. Parece mentira: pero hasta 
aquellas monedas potosinas llamadas Melgarejos por 
haber sido acuñadas en honor del general de ese 
apellido, y aquellas otras menores llamadas en nues- 
tra campaña cuatros bolivianos^ 6 simplemente boli- 
riatias, unos y otras desmonetizados repetidamente, 
hasta perder del todo su valor y tener que reti- 
rarse de la circulación, han perjudicado al país de 
su origen, dejando de él la idea de un pueblo que 
se borra, que se aleja, — de un pueblo definitiva- 
mente perdido, desvalorizado como su moneda. 

Y sin embargo, nada más caprichoso y falso que 
semejante creencia, que sólo puede excusarse por el 
aislamiento en que viven entre sí casi todos los pue- 



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— li- 
bios de América. Como no hay entre ellos inter- 
cambio de productos, tampoco hay comercio de pen- 
samientos. Sabemos lo que ocurre en Laponia^ en 
Constantinopla, en las costas del Mar Amarillo, y 
no conocemos ni siquiera la vida intelectual de nues- 
tros hermanos de raza y vecinos de Continente. No 
conocemos sus hombres, ignoramos sus empresas, nos 
son extrañas sus necesidades, como si un mismo 
origen no nos ligara en la cuna, como si fueran di- 
versas nuestras rutas hacia el porvenir. ¿Qué li- 
terato, qué filósofo, qué pensador europeo nos es 
desconocido? ¿Qué gloria, aunque sea momentánea, 
no nos manda sus rayos desde el viejo Continente ? 
Entre tanto, del pensamiento sudamericano, riquí- 
simo y genial, ¿qué conocemos, fuera de la cuenca 

platense y de algunos destellos del estro chileno? 

El ancho Atlántico no es un obstáculo para las ideas 
ni para el comercio europeo, pero sí lo son, el áspero ' 
desierto, las cordilleras insociables, los sombríos 
bosques.... y algunas fronteras, donde una intran- 
sigencia atávica ha venido haciendo la guardia .... 
Volvamos á BoUvia. 

Bolivia es uno de los países más ricos del Con- 
tinente. La Naturaleza se ha complacido en derra- 
mar el metal puro en las entrañas de sus montes, 
en el Potosí legendario, en la altiplanicie de Oruro, 
en la vastísima Meseta, donde el vegetal no medra, 
pero donde corren y se extienden las ricas venas de 
plata. — Los productos de la zona tórrida se derra- 
man sobre aquella tierra, como un raudal del cuerno 



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— 12 ~ 

de Amaltea: el cacao, el exquisito café de Yungas, 
el tabaco, la caña de azúcar, todo nace allí opulen- 
tamente; y aunque el Trópico de Capricornio al- 
canza por un extremo su zona, la variedad termo- 
métrica más grata caracteriza á tan bello y raro país. 
Arde el sol sobre su Chaco de Santa Cruz de la 
Sierra y sobre los llanos .del Beni ; en Cochabamba 
impera el clima variado y fresco de las zonas me- 
dias; Sucre vive en una eterna primavera, y reinan 
en Oruro las monotonías del paisaje helado. El gi- 
gantesco Illimani, vecino de La Paz, contiene, desde 
su base hasta su cúspide, los productos y las tem- 
peraturas de todos los climas. Durante el Verano 
se beben á su pie, helados hechos con las eternas 
nieves de su cima. Y por los valles inmensos, de 
tibio ambiente, la llama, el guanaco, la vicuña, la 
chinchilla, la alpaca, se multiplican, utilizados por el 
aborigen en las primitivas transacciones de su co- 
mercio. El inapreciable árbol de la quina, el árbol 
del pan, el junco del agua, la perfumada vainilla, y 
millares de plantas medicinales y de maderas pre- 
ciosas, hacen de la flora boliviana una riqueza ina- 
gotable, apenas explotada. 

Este país, colmado de tan raros y preciosos pri- 
vilegios naturales, tenía el complemento necesario 
para irradiarlos. Tenía la costa de Antofagasta so- 
bre el Pacífico, desde donde podía empujar con 
rumbo á Europa, las naves exportadoras. Su pros- 
peridad era segura. Los territorios de Atacama y 
Tarapacá, al par que le abrian salida sobre el Océano, 
le daban una opulenta riqueza en las salitreras y en 



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— is- 
las minas de yodo. Su población, por otra parte, la 
favorecía: en los llanos cálidos nacía la raza ar- 
diente y en las altitudes el hombre reflexivo, ela- 
borándose un tipo medio, á la vez entusiasta y se- 
reno, capaz de acometer grandes empresas y de per- 
sistir en ellas. Sus 800 mil blancos en actividad 
contrarrestaban victoriosamente la apatía inerte de su 
millón y medio de aborígenes. 

Todo este porvenir lo borró en pocos meses el 
azar de la guerra. Chile tuvo pendencia con Bolivia ; 
venció Chile, y la costa cayó en poder del vence- 
dor, — de aquel pueblo costeño por excelencia, que se 
duerme al pie de los montes y al despertarse se 
halla mirando al mar. Bolivia sufrió el aniquila- 
miento de la conquista ; sus puertos, sus tierras, sus 
salitreras inagotables, que hoy producen á Chile 30 
millones de pesos al año, todo pasó á poder del 
vencedor. 

Desde entonces Bolivia, abatida por la derrota, 
vino sufriendo los impuestos de Chile, que le per- 
mitía, bajo crecidos derechos, el uso del puerto 
de Antofagasta. Cuando la revolución que tumbó al 
gran Balmaceda empezó á desatarse en el Pacífico, 
Bolivia hizo una jugada suprema, á cara ó cruz: 
reconoció antes que i^adie la beligerancia de la re- 
volución. Había un pacto secreto: si la revolución 
vencía, se comprometía á entregar á Bolivia puerto 
libre por Antofagasta. 

La revolución venció, pero Chile no recordó su 
compromiso, y Bolivia no obtuvo el puerto libre. 
Después de eso, nada le quedaba que esperar en 



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— 14 — 

aguel rumbo, y su tentativa de expansión hacia el 
Atlántico por la artería del Plata, volvió á^ ser in- 
tentada una vez más. La necesidad era para ella 
cada día mayor. Sus fuerzas crecían, hervían y se 
aniquilaban dentro de la frontera tapiada por el 
aislamiento geográfico. Su fabulosa exportación de 
plata enriquecía á otro país ; las ciudades carecían de 
industrias, el pensamiento de estímulos, el arte de 
horizontes. No había más que poetas y oradores, pro- 
ductos ricos del clima, — la raza caucásica, sin 
recursos para hacer valer su superioridad, se esta- 
cionaba, permanecía reducida á la tercera parte de 
la población, agobiada por la enorme masa de los 
naturales, que faltos, hasta ellos, de oxígeno en la 
patria, salían en penosas caravanas á correr mundo, 
con la maleta al hombro, disfrazadas las mujeres 
de hombres, á favor de los rasgos epicenos del tipo 
indígena. 

En cuanto al espíritu de empresa, estaba aniqui- 
lado por completo, mal grado las enormes riquezas 
que podían estimularlo. Bolivia no tenía ni tiene 
aún, sobre su vasta superficie donde nuestro país 
puede ser contenido siete veces, más que una línea 
de ferrocarril, y ésa, traída por Chile para explo- 
tar las minas que socava el capital chileno. Y no 
ha sido sin duda el espíritu del pueblo el que ha 
retardado tal progreso, porque su hermano gemelo 
el Perú, sólo por la razón de ser ribereño, había 
empezado en cuatro años, durante la administración 
del coronel Balta, las obras de 19 líneas, paralizadas 
por la sangrienta guerra de 1879 — y tiene el honor 



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— 15 - 

(le ser el primer país sudamericano que hé 
truído UH camino ferrov¡aric>. 

De esta simple exposición de antecedentes fluj'elá 
conclusión de que lá apertura de vías amplias 4^ 
comunicación era para Bolivia más que una con-^^ 
veniencia capital, una necesidad esencial é indecli- 
nable, que después de llegar á ser la suprema aspi- 
ración de sus hombres de pensamiento, se convirtió 
en la primera preocupación de sus gobiernos y en el 
más alto punto de mira de las esperanzas nacionales. 



III 

Fisonomía del Paraguay 

El obstáculo era el Paraguay. El vasto desierto- 
del Chaco extendía su inercia somnolente y apática 
entre las actividades que pugnaban, aisladas, al 
otro lado de esa extensión poblada de tribus y 
fieras, y el gran centro de vida que desde aquí las 
atraía, con la fuerza de los núcleos civilizados y 
hasta con la corriente de los ríos. Bolivia podría 
salir por Puerto Pacheco, pero el Paraguay sus- 
tentaba derechos de dominio sobre el río y sus 
márgenes hasta la altura de Bahía Negra, con lo cual 
el puerto, nuevo Puerto Deseado, quedaba prohibido, 
estéril para todos. Ahora el Paraguay retrocede su 
pretensión aguas abajo en la extensión de un grado 
geográfico, y entonces Puerto Pacheco queda libre 
á la navegación boliviana. 




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— IG — 

Con esta concesi<>n el Paraguay ha resuelto uno 
de los problemas más importantes para su porvenir. 
No contemos las compensaciones del Tratado, porque 
aun no las conocemos á fondo ^^^; pero estudiemos 
la perspectiva, que no ha podido protocolizarse. 

El Paraguay es uno de los países que más fuerza 
de moción necesita -para no retardarse en las- jor- 

( 1 ) Ea sus t*''miino8 generales, sí ; y en honor de la verdad, lo mismo 
que para evitar á tiempo cualquiera supoMcióu disgustante para la digni- 
dad de Buiivia, delie hacerse notar y decirse bien alto (porque es una 
verdad que va á comprobar la publicación del texto del Tratado), queam- 
bos países han cedido una parte de siis pretcnsiones antigvas. No nos es 
permitido avanzar detalles acerca de la fórmula aceptada por los contra- 
tantes, fórmula nueva, equitativa y efícaz — la única que podfa llevar el 
litigio á buen término — no nos es dado anticipar informes que la discre- 
eíón diplomática juzga prudente no divulgar todavía, pero sí podemos 
declarar que son erráticos los términos geográficos que se han atribuido al 
Tratado rédenle, por un diario de Montevideo. 

Ninguna de las dos partes ha hecho comesvones que no estén eoynpensadas. 

No ha habido, pues, limosnas ni dádivas exageradas. Ha habido simple- 
mente buena voluntad. Se han alterado l<»8 ténninos antiguos é inflexi- 
bles, pero dentro del nueco orden de ideas, cada país ha logrado para sí las 
mayores conveniencias que podía pretender, siempre qu£ pensara seriamente 
en arribar á un arreglo. Y e«to es lo decoroso y lo digno. Ni Bolivia ni 
el Paraguay han podido pretender venutjas por sorpresa. La publicidad 
del Tratado arrojará luz meridiana sobre estas afirmaciones que anticipa- 
mos, y se verá que el asuuto ha sido verdaderamente agotado en sus so- 
luciooes prácticas, llevado hasta sus últimas consecuencias. Tauto el Mi- 
nistro Benítez couio el Ministro Ichaso pueden jurar que han puesto sus 
firmas en el Tratado con los ojos íijos en el interés y en la dignidad de 
gus países. 

La opinión de Bolivia será sin duda unánime en coronar la obra de su 
distinguido plenipotenciario, que ha conseguido en verdad la victoria que 
más fecunda podía ser para su país. Y en cuanto al Paraguay, obrando 
con la sensatez que le han dado sus estoicos sufrimientos, ratificará el Tra- 
tado, — nos atrevemos á afirmarlo. Ya se produce en tal sentido una 
poderosa reacción, en el seno mismo de la escasa agrupación refractaria. 
El Partido Colorado apoya el arreglo, y el Partido Liberal está muy lejos 
de combatirlo unánimemente, — ni siquiera en mayoría. Los Tratados an- 
teriores tuvieron calurosos sostenedores paraguayos, y éste, má:s discreto y 
equitativo, se impondrá sin duda al gran buen sentido del pueblo, que ya 
debe estar persuadido de cuan urgente es para su progreso cortar, de una 
manera equitativa y digna, pero cortar sin demora, estos litigios estériles. 



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— 17 — 

nadas penosas del pi'ogreso. Su clima lo enclava, 
lo agobia su sol inclemente bajo la frondosidad de 
sus selvas inmensas^ reduciéndole las horas de ac- 
tividad y acobardando sus energías. Se tuesta como 
un San Lorenzo en la ardiente parrilla del trópico. 
Necesita dinámicas extrañas que lo empujen y lo 
arranquen de su peligroso marasmo, — y no es mante- 
niéndose aislado é inaccesible como podrá obtener- 
las; no es conservando la inmunidad de los de- 
siertos, ni la soledad de los campos, ni la virginidad 
machorra de las costas, ni el reinado de las tribus,, 
como podrán llegarle los hálitos potentes de la 
civilización andina, — sino abriendo sus puertas de 
par en par al movimiento interior de todo el conti- 
nente, que irá á buscar el paso por su territorio, 
estableciendo el intercambio intelectual y comer- 
cial, turbando la siesta indígena con el tropel del 
tránsito de los pueblos, que pasan discutiendo, edi- 
ficando, dejando en el trayecto, regada con sudor^ 
la semilla codiciada de las manzanas de oro. 

En aquel valeroso pueblo hermano nuestro, ha 
predominado para su mal, durante largos años, una 
poUtica de Estancia, que consistía en prohibir que 
los vecinos pasaran el mojón ó entraran al alam- 
brado. Desde la sombríamente admirable dictadura 
del doctor Francia hasta el autocratismo de los Ló- 
pez, parece que hubiera venido pasándose en he- 
rencia^ como talismán misterioso del poder, aquel 
cuidado celoso y hostil de las fronteras, aquella an- 
tipatía manifiesta á los rumores de afuera, como si 
comprendiesen los capataces de aquel valeroso paí» 



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— 18 — 

gobernado entonces como una hacienda (lo mismo 
que el nuestro en años aciagos ), el peligi'O de que 
llegaran á oídos del pueblo sufrido y taciturno las 
voces de libertad, de progreso, de derechos, los 
gritos de lucha y de triunfo» las arengas, el ruido 
de las mareas populares — la fascinación de todas 
esas fuerzas nuevas y deslumbrantes que voltean á 
empujones las Bastillas y desatan resoluciones^ so- 
beranas entre la masa informe de los pueblos. 

Cayó el Paraguay en la gran guerra, vencido y 
gigante, como un héroe de la Iliada. Y después 
de aquella resistencia troyana, su vida, sojuzgada 
por la victoria, necesitó toda la virtualidad de su 
origen soberano para renacer y volver á constituir 
un pueblo. Concentrado en su dolor altivo, trabajó 
el Paraguay en su reconstrucción — que debió ha- 
cer desde las oficinas hasta los hogares, desde las 
leyes^ hasta los sembrados. Fué una nación que tuvo 
que empezar de nuevo su vida institucional y mate- 
rial. Ese mérito tiene, estoico: tuvo una resurrección. 
Algo de aquella superstición que se atribuía á los sol- 
dados de López, según la cual, al morir en el campo 
de batalla, renacerían en la Asunción, — algo de ese 
candoroso milagro le pasó á la nación paraguaya. 
Ella tuvo un renacimiento, prodigioso si se atiende 
á lo inmenso, á lo profundo, á lo sangriento y te- 
rrible de su caída. 

Al entrar en las nuevas actividades — sobre aquella 
inmensidad de escombros— el Paraguay, digámoslo 
en su honor — abrió los ojos y tendió los brazos á 
la vida exterior. Mientras se reconstruía respondió 



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— 19 — 

á todos los llamados^ internacionales: al Congreso 
Postal de Berna, al Congreso Médico de Roma, al 
Congreso Pan -Americano, á la Conferencia Inter- 
nacional de Washington, á nuestro Congreso Inter- 
nacional, cuyas conclusiones recién acaba de apro- 
bar estos días la Argentina, mientras que el Paraguay- 
Íes dio inmediatamente su sanción legislativa — y á 
todas las exposiciones donde su riqueza natural y 
más que nada su vigoroso buen deseo pudü po- 
nerse en relieve. El 4.° Centenario Colombino fué 
celebrado por la Asunción con una ' Exposición Na- 
cional en el histórico palacio dé López. Los go- 
biernos de los generales Caballero y Escobar dic- 
tan leyes de inmigración, que abren las puertas á 
las corrientes extranjeras. Atendiendo á la cono- 
cida ley económica de que los pueblos pobres en 
tierras fiscales son ricos en rentas, venden por mi- 
les de leguas las tierras del Estado á fuertes sin- 
dicatos; fundan Bancos de Crédito personal, de 
Crédito Agrícola y de Colonización. El general 
Escobar, al terminar su laborioso período el 90, 
deja el oro al 109. Esfuerzan las líneas ferro- 
viarias todo lo que les es dado; fundan la Uni- 
versidad; establecen Facultades técnicas, Escuelas 
secundarias, Escuelas Agronómicas. Todo esto, en 
globo, da una idea elevada del progreso que aquel 
país privilegiado improvisó con sus propios ele- 
mentos. Pero faltaba la relación, faltaba el comercio 
externo. Un pueblo que gira sobre sí mismo, no 
puede avanzar, — es la eterna fatiga de la ardilla 
corriendo dentro de una esfera sujeta á la ley de 



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— 20 — 

rotación sobre su eje. En el pueblo paraguayo este 
retraimiento casi se explica, después de sus cinco 
años de batalla y sus seis años de ocupación militar. 
El pueblo que cayó solo, pudo tener la suprema 
soberbia de levantarse solo. Pero levantado y re- 
construido, no puede olvidar sus obligaciones de 
pueblo, y de pueblo americano. — No se ha inven- 
tado aún el movimiento ni la vida continua. Lo» 
elementos exteriores son imprescindibles, y se im- 
pone una contribución recíproca, la que trae el 
equilibrio y la prosperidad armónica. Ckactm pour 
tovs; tons pour cliaeun. Ese es el lema moderno, 
sobre todo entre los países americanos. 

Sólo la ignorancia engreída desconoce la solida- 
ridad de las sociedades humanas y las ventajas 
que reportan del apoyo mutuo. La necesidad vital 
de las vinculaciones internacionales es un principio 
practicado por todos los pueblos cultos. Apenas si 
la China ha negado plaza á la vida extraña, en- 
castillándose en su decantada civilización, que no 
ha progresado nada en miles de años, conserván- 
dose extática, girando sobre sí misma, abismada, 
como un faquir en la contemplación de su ombligo. 

¡Así es de tremenda la lección que está reci- 
biendo ! 

¿Cómo avanzó Europa del estancamiento medio- 
eval al maravilloso progreso presente? Abriendo 
sus fronteras al tránsito libre y dejando icircular 
entre las ruinas feudales la corriente fecundadora 
de los pueblos. ¿Y tan luego en América es posi- 
ble que haya Estados que miren con recelo el 



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— 21 — 

paso de la humanidad por sus desiertos ? ¿Es posi- 
ble que haya un partido capaz de sostener aun la 
política de fronteras adentro, — es posible que taya 
algún país bastante ciego> bastante soberbio, bas- 
tante insensato para decir que fuera de su territo- 
rio no tiene nada que hacer, que nada necesita de 
la civilización y del comercio ajenos, — que como 
el protozoario de la fábula afirme que el mundo 
se halla contenido en su gota, y que fuera de ella 
se concluye el espacio?. . . . 

Los grandes descalabros sufridos por los pue- 
blos de más empuje ofrecen claros y recientes es- 
carmientos y empiezan á aclarar las vistas de los 
que más engreídos se hallaban por su progreso 
precoz y su pujante vitalidad. Se empieza á com- 
prender que no hay ayuda, por pequeña que sea, 
que deba desdeñarse. Y la necesidad de vincularse 
á través de las fronteras abiertas se hace carne, 
cada vez más enérgicamente. Urge concluir cuanto 
antes las contiendas de límites, considerándolas 
como tropiezos que hay que sac^r del paso. Es 
precisa que los pueblos que disputan por esa causa 
tomen altura y se penetren de que el peor de los 
arreglos será mejor para ellos que el litigio. Y con 
ese criterio común desecharán del debate las falsas 
razones de patriotismo y se avendrán en seguida^ 
en homenaje al interés americano, que es patrimo- 
nio de todos. 

Los telegramas de la Asunción que en estos mo- 
mentos leemos, dicen que el Partido Liberal para- 



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— 22 — 

guayo combate ardientemente el arreglo de límites. 
Volvemos á tomar la pluma para ampliar este 
<5apítnlo. 

El Partido Liberal, fuerza de oposición, trata de 
representar en el Paraguay la agrupación moderna, 
levantada frente al Partido Colorado, que sustenta 
allí la vieja tradición política y agrupa bajo sus 
banderas la accióu conservadora. ^^^ Pensamos en 



(1) A pesar (k; la índole qiio .señalamos en cuanto 4 l^i tendencia polí- 
tica de cada uno de los partidos paraguayos, conviene hacer notar, para 
los que no conozcan á las gentes y las cosas de aquel país, que los hom- 
bres de mayor capital político y de intelectualidad veterana forman en el 
Partido Colorado. Bastará nombrar il los Generales Caballero, Escobar y 
Eguzquiza, á los señores Morinigo, üriarte y (íonzález, ex presidentes ( á 
excepción del General Eguzquiza, que loes actualmente) los doctores De- 
coud, de familia selecta, scMuejante á las de Ramírez y Herrera y Obes en 
nuestro país ; los doctores Gondra, Insfrán (actual Vicei)residente de lu 
República), Audivert, ex Presidente del Superior Tribunal de Justicia y 
distinguidísimo jurisconsulto; el doctor Venancio V. López, ex Ministro 
de la Presidencia González ; don Crregorio Benítez, conocido y hábil diplo- 
mático, que ha tenido el honor de firmar el reciente Tratado de límites 
con Bolivia ; el veterano Coronel Maciel, ex Ministro de Justicia y Go- 
bierno ; y verdadera falange de lo que podría llamarse la reserva intelec- 
tual y política del Paraguay. En cambio, la vanguardia está en el Partido 
Liberal ; deben citarse por su carácter y talento los doctores Cecilio Báez, 
vigoroso periodista, Emeterio González, José Tomás Legal, ex Rector de 
la Universidad, Benjamín Acebal^ distinguido y notado diplomático y ex 
Ministro; y los señores Urdapilleta, Gerente del Banco TeiTitorial y cono- 
cido economista, don Juan Bautista Gana, ex Presidente del mismo Banco 
y fuerte capitalista, y don Francisco3Millers, Presidente actwal ; don Fabio 
Queirolo, distinguido y sincero periodista ; don Ignacio Ibarra, fundador, 
pi-opietario y director de La Democracia, el más importíinte y antiguo dia- 
rio de la Asunción, y el doctor don Josó Iinla, Diputado elocuentes el 
cual (creemos que lo mismo que el doctor Cecilio Báez), se ha separado 
recientemente del Partido Liberal. 

Como se ve, ^¡nliosos elementos militan en los dos bandos, pero predo- 
mina cu la juventud el Partido Liberal. Por eso es que se acentúa la in- 
congruencia qua resultaría de la acción de esa falange animosa contrariando 
una demanda de justicia, de equidad, de fraternidad, de progreso, que es 
también de positivos beneficios para el Paraguay, con lo cual no tienen 
ni i-azén para inquietarse los justificados egoísmos patrióticos. 



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— 23 — 

esto y no podemos ver sin maravilla que sea la 
agrupación tradicional la que se adelante á abrir la 
puerta á la civUización y al progreso exterior, la 
que realice un hermoso acto de fraternidad ameri- 
cana, decretando la liberación comercial de Bolivia, 
mientras que el Partido Liberal, el de los nuevos 
ideales, la falange que cuenta con más numerosos 
intelectuales jóvenes, que debía ser por tanto la co- 
horte generosa, si es que aspira á ser la hija legí- 
tima de un modernismo altruista, se lanza á de- 
tener las corrientes de riqueza y de salud que van 
á fecundar las soledades brutas, niega la fraternidad 
y defiende al desierto ! 

Será un error patriótico el suyo, pero es un pro- 
fundo error. Ellos no tienen derecho á ser retar- 
datarios. Ellos no pueden quitarle al Paraguay la 
ocasión magnífica de ser arbitro de la suerte de un 
pueblo y fallarla con desprendimiento que lo honra 
y lo señala á la consideración de las naciones cul- 
tas. Ellos no pueden pretender además que el Pa- 
raguay se niegue á salir de su Meca contemplativa, 
de su situación subalterna como entidad comercial 
y financiera, para reivindicar el puesto que le 
compete, para entrar de lleno al progreso y á la 
actividad reproductiva, abriendo sus soledades á 
la circulación continental, que en día no lejano lo 
llevará á aquel ciclo próspero augurado por el ilustre 
aigentino Rawson — á propósito precisamente de una 
vía internacional — á aquella época feliz «én que será 
preciso ensanchar las calles y los caminos para que 
tengan cabida las masas de seres humanos formadas 



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— 24 — 

de todas las razas y cargadas con la variedad inñnita 
de riquezas que buscarán su mercado, dejando á su 
paso el rastro de oro y de luz que señala la civi- 
lizaciÓD del siglo en sus más espléndidas manifes* 
taciones ! » 



IV 
La política de Chile 

Bolivia y el Paraguay quedan formados en pri- 
mera fila, como los más interesados en concluir su 
contienda. 

¿Y Chile?.... 

Este sobrio y fuerte país, llamado con motivo la 
Albión de Sud-Amdrica, no puede ser descartado 
del debate. 

Chile es la nación que antes ha declinado el amor 
propio del terruño y ha salido á buscar afuera las 
riquezas ajenas para agregarlas á su caudal. Es un 
pueblo valiente y aventurero, tan frugal en costum- 
bres como ávido en tendencias. Cincuenta años de 
paz le permitieron tranquilamente desarrollar de ma- 
nera integral sus actividades en el interior de su 
territorio, y pensar acaso que se estaban perdiendo 
lastimosamente las riquezas nativas de sus vecinos, 
constantemente anarquizados. Su índole domina- 
dora de pueblo montañés procuró y obtuvo la pre- 
ponderancia de sus armas, y ya dos veces ha con- 



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— 25 — > -y. ^ .['. > ^ 'M^\^': 

sagrado por la fuerza el derecho de conquista.rtüoa;^ yfjff ]^<*' 
ancha faja del desierto de Atacama primero, epn el ^%;j^^]^ '^ ' 
puerto de Antofagasta que servía de salida á B^w , .^ 

livia, pasó á su poder, agregándosele el riquísinío.^ i . "^ 

territorio peruano de Tarapacá, y luego, en la 
cruenta guerra de 1879, otra provincia peruana y 
dos más en rehenes, — las mismas que ya no 
escaparán á su dominio, porque el Perú, en vez 
de lidiar por su rescate, se desangra míseramente 
en una guerra civil. Chile no ha perdido ocasión 
de extenderse sobre la costa de su océano, y hay 
quien afirma que ha acariciado á veces uuos hondos 
anhelos de preponderancia sudamericana, y que 
más de un día contempló con celo el apogeo del 
gran país argentino, pensando acaso que era aquel 
crecimiento un menoscabo á sus ensueños de señorío 
interoceánico. 

Hijas de esta política cuyo primer amor es la 
grandeza propia, fueron sus conquistas militares, 
el indispensable botín que buscó siempre en sus 
victorias. Acaso se hallaba estrecho para el envi- 
diable conjuuto poteucial de sus pensadores, sus di- 
plomáticos, sus estadistas, sus industriales, sus histo- 
riadores, sus publicistas, sus bardos, sus militares 
montados á la moderna. Y tal vez por eso pensó 
en dilatar sus dominios, aunque hubiera de ser 
absorbiendo. 

Su política en el Pacífico después de la guerra 
acredita esta tesis. Al Perú le dejó la alternativa de 
cambiar por diez millones oro sus dos provincias 
aprisionadas, y á Bolivia se le fué al corazón con 



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— 26 — 

un progreso que era á la vez una ligadura, — el ferró- 
carril de Antofagasta á Huanchaca^ todo chileno, como 
chilena era casi en absoluto la explotación de las mi- 
nas. Aquella arteria, que fué violentamente combatida, 
que fué hasta rechazada .una vez por el Congreso 
boliviano, concluyó por tenderse, y por cierto con 
admirable rapidez — como que en quince meses' se 
trazó la línea y se entregó al servicio, desde As- 
cotán á Oruro, alcanzando la extensión de 923 ki- 
lómetros. 

Con esa líneü, que Bolivia no tuvo más remedio, 
y hasta, dado su atraso, tuvo ventajas en utilizar, 
Chile adquirió sobre aquebpaís una positiva tuto- 
ría comercial, que ha venido ejerciendo hasta la 
fecha con suculentos resultados. Bolivia era un peón 
de su progreso, y el puerto de Valparaíso llegó á 
su apogeo con la ingente exportación boliviana, que 
sin embargo estaba diezmada por la gabela de fle- 
tes y derechos de salida^ y debía aun dar la vuelta 
al Continente, sorteando los riesgos del estrecho y 
pasar por nuestros puertos, para dirigirse recién á 
los mercados europeos. 

Sin duda este estado de cosas era ventajoso para 
Chile. Pero, ¿podría este país pretender prolongar 
indefinidamente su tutela comercial sobre Bolivia ? 
No. El prisionero era demasiado fuerte para resig- 
narse. Tenía que romper por algún lado; su hbertad 
era cuestión de tiempo. El bárbaro destazado de 
Polonia no podía intentarse en estas latitudes; y 
Chile, pueblo sagaz y práctico, ya que no podía im- 
pedir la manumisión, debía tratar, como trató sin 



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- 27 — 

duda, de que se produjese eu las condiciones que 
á él le ofrecieran menos desv^entajas. 

Está en este caso la solución que va á alcanzar 
el asunto. A Chile le conviene estar al habla con 
su amigo el Brasil y va á estarlo merced á la 
prolongación de la línea de Antofagasta hasta Puerto 
Pacheco, ; que lo dejará río por medio con Matto 
Grosso. ' Esta aproximación, de posibles proyec- 
ciones estratégicas, hay ciertos motivos para suponer 
que la vienen buscando ambos camaradas desde 
1890. — En primer lugar, es fenómeno digno de 
atención la indiferencia, la bondadosa tranquilidad 
con que Chile, tan cosquilloso y hábil, ha venido 
presenciando la gestión del arreglo de límites, que 
él sabía bien á dónde iba á parar. ¿ Le pasó inad- 
vertida ? . . . . Podría. Pero sería raro, por más 
que también dormitaba el viejo Homero. Xi su go- 
bierno ni su prensa han manifestado alarma por la 
nueva tentativa de Bolivia para escapárseles por el 
Plata. La otra razón es más bien una conjetura, 
pero que vale la pena de aducirse : consiste en que 
el Brasil viene desarrollando desde 1890 una línea 
ferroviaria de 0.75 centímetros (igual á la de An- 
tofagasta), que había empezado por ser de interés 
local y que de pronto fué declarada de interés na- 
cional, garantida y rodeada de estímulos, con los 
cuales se desarrolló rápidamente con rumbos á Mat- 
to Grosso. Esta *línea, que es la llamada Oeste 
de Minas, tiende también á Goyaz, la futura capi- 
tal federal, y tiene ya empalme con el Central que 
va á Río Janeiro. Ahora no es posible saber qué 



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— 28 — 

desarrollo alcanza, porque en la última Memoria 
del Ministerio de Obras Públicas del Brasil, que tene- 
mos á la vista, correspondiente al año anterior, da la 
. casualidad, 6 la coincidencia, de que aparece olvi- 
dada, tan luego esta línea. No hay ni un solo dato 
que la aluda, ni siquiera su nombre se menta en- 
tre los demás ferrocarriles laboriosamente estudia- 
dos. Este olvido podría tener su razón, — la línea 
predestinada podría llegar sin ruido á la orilla del 
río Paraguay atravesando la provincia de Matto 
Grosso, y entonces los dos poderosos amigos, por 
encima de Bolivia, se estrecharían la mano. 

Esas serían tal voz algunas de las razones que 
habría podido tener Chile para no estorbar la aper- 
tura de la nueva salida boliviana. Además, en el 
considerable comercio que abriría con Matto Grosso 
y con el mismo Paraguay, ha podido prometerse 
con perfecto fundamento, copiosas compensaciones 
á la reduccióu del tráfico de Antofagasta. 

Pero séanos permitido manifestar que el interés de 
aquel activo é industrioso país, compuesto geográ- 
ficamente de una dilatada costa marítima, debe ser 
otro mayor, otro en más alto grado conveniente á 
su grandeza comercial, á su enorme importancia del 
futuro : él debe pensar que sus costas, que sus puer- 
tos, van á ser más necesarios cuanto mayor sea el 
desarrollo de los países del centro ; debe pensar que 
su puerto de Valparaíso está destinado á ser ca- 
becera de la colosal línea Interoceánica que arran- 
cando del Atlántico, desde el puerto de Recife, re- 
correrá 6,500 kilómetros por las regiones más ri- 



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— 29 — 

cas y vírgenes, por los portentos de la flora, de la 
fauna, de la minería, vendrá enlazando numerosos 
sistemas ferroviarios de carácter local, vendrá vin- 
culando 31:000.000 de almas que ya pueblan los 
territorios vastísimos del trayecto, y arrastrará toda 
la expansión enorme de los países intermediarios 
hacia Chile, hacia la costa del Pacífico, para salir 
por ahí á derramarse en los vastos mercados de 
Australia y Nueva Zelandia, que á su vez busca- 
rán el nuevo puerto para poder atravesar la Amé- 
rica con el opimo convoy de su riqueza y dirigirse 
rápidamente, saliendo por Recife, á los mercados eu- 
ropeos. Ese movimiento asombroso, cuyos empo- 
rios serán Valparaíso en el Occidente y Recife en 
el Oriente de la América Meridional, se elevarán á 
incalculable potencia cuanto mayor sea el desenvol- 
vimiento de los países que van á ligarse con la po- 
derosa arteria Interoceánica, y que son directamente 
Chile, la Argentina, el Uruguay y los Estados del 
Brasil desde Río Grande á Pernambuco, é indirec- 
tamente el Períí; el Paraguay y Bolivia. 

Fomentar ese resultado americano, tender al lo- 
gro afortunado de porvenir tan grande, deben ser 
las aspiraciones constantes de los estadistaa chile- 
nos; y cuando á tal aspiren, como sin duda as- 
pirarán, porque la diplomacia chilena es de las 
pocas que en América trabajan para el futuro, en- 
tonces verán cu^n poco importa perder el tributo 
forzoso de un pueblo prisionero, cuando está por 
delante el tributo espontáneo de siete grandes na- 
ciones, que pagarán más cuanto sean más ricas y 
prósperas. 



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' — 30 — 

Más adelante ampliaremos la consideración de este 
humanitario y magnífico pensamiento, — la línea Inter- 
oceánica, que con la Intercontinental, forman los dos 
proyectos más trascendentales de este fin de siglo 
para los Estados de América, y que están afortuna- 
damente á cuantiosa distancia del reino de la Utopía. 



El interés del Brasil 

Los Estados Unidos del Brasil tienen, aunque de 
orden diverso, intereses de mayor momento en el 
éxito del tratado de límites que es motivo princi- 
pal de este alegato, que no tiene más anhelo que 
elevar el punto de mira de la política Sud- Ame- 
ricana en este asunto que van á debatir los Con- 
gresos de los dos países contratantes. El más 
sincero desinterés conduce nuestra pluma, cuya 
ambición sería, al terminar, haber dejado en pos 
de su surco algunas verdades digo as de que las 
mediten los hombres de bien,— haber logrado trazar 
algunos conceptos claros sobre el hermoso porvenir 
americanQ, cimentado en la amistad mutua, en el 
interés recíproco y permanente que resultará de 
las vinculaciones comerciales, intelectuales, morales 
y políticas, y que hará de América el escenario 
de la civilización en el siglo futuro, el vasto labo- 
ratorio que ha de fundir el presente malestar so- 



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— 31 — 

cial, abriéndole nuevas perspectivas de trabajo fe- 
cundo y de ciencia creyente, elevando las razas 
inferiores á la dignidad del arquetipo, inspirando 
las leyes y los tratados en la justicia inmanente, 
haciendo de las sociedades conjuntos armónicos de 
seres equilibrados de cuerpo y de espíritu, fuertes 
y tolerantes, capaces de aspirar Con motivo á la 
mayor suma de dicha que pueda ser permitida á 
nueátra naturaleza. 

El Brasil, que ha contado siempre intelectuales 
sagaces y patriotas, hace tiempo que ha visto la 
conveniencia de abrir por los flancos de su inmenso 
territorio vías de salida para las mil variadas pro- 
ducciones de su suelo privilegiado. Sus publicistas 
han hecho notar el peligro de decadencia en que 
están las provincias del medio por falta de vías 
de expansión con los mercados exteriores. ^^^ Hacen 
pensar estos pueblos en el personaje de Dumas, 
dueño de los fabulosos tesoros de Monte - Cristo 
y consumiéndose prisionero en el castillo de If. 
Son las comunicaciones el más urgente y esencial 
elemento de su indudable y magno porvenir, y para 
el Brasil, no sólo las comunicaciones con los paí- 
ses extraños, sino con los Estados propios, — con sus 
interminables soledades, donde los gérmenes vivaces 
dormitan, esperando al arador, á la segadora, al 
volante mecánico, á la locomotiva, cuyo silbato 
parece que conjura al progreso en la huraña in- 
mensidad de los desiertos. 

( 1 ) Retnsta de Ferrocarriles de Río Janeiro, 1890. 



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— 32 — 

Hágase justicia al Brasil: desde hace cincuenta 
años, sus hombres de Estado, con el ilustre don Pe- 
dro al frente, sintieron en su espíritu el imperio de 
esa exigencia nacional, y en lo que ha sido posi- 
ble los rieles se han extendido hacia el corazón de 
la inmensa República inmóvil, agitándola, buscando 
los silencios salvajes para turbarlos. 

Un distinguido ingeniero brasilero ^ ^ ^ describe con 
verdad el criterio instintivo que presidió á los pri- 
meros esfuerzos de la vialidad en aquel país, y 
que es la historia de todas las empresas de esa ín- 
dole en las demás naciones americanas. No se 
va, como en las extensiones europeas, al encuen- 
tro de un tráfico asegurado : se va á originar el mo- 
vimiento, á crear la vida. Allá el ferrocarril es lla- 
mado por la industria, por la riqueza ya producida, 
que necesita medios de expandirse; aquí el ferroca- 
rril lleva el desperta ferro! á los terrenos incul- 
tos; es un explorador, es un sembrador cuyas ga- 
nancias tienen que pasar una época de espera, 
perfectamente caracterizada por los hombres de 
ciencia con el nombre de la fax crítica. Allá en 
el Brasil, como aquí, como en Chile, como en la 
Argentina, como en todas partes sobre el conti- 
nente, muy contada es la línea que ha terminado 
su primer año con dividendo ganancial. Las ga- 
rantías han hecho el gasto. Pero la prosperidad es 
segura. Por eso el capital inglés se lanza confiada- 
mente sobre los rieles. El Brasil, sobre su superfi- 

( 1 ) yoniaiulí's Pinhoiro, en la obra Le Ilresil, publicada el ano 16S9. 



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— 33 ~ 

cié de más de 8,000.000 de kilómetros, tiene ya 
abiertas al tráfico 108 líneas ferroviarias, con un 
total de 10.300 kilómetros. Entre las principales 
líneas hay unas diez que han atravesado ya su faz 
crítica y se hallan en pleno período de prosperidad, 
pero hay en cambio ferrocarriles tan importantes 
como el de Porto Alegre á Uruguayana, el Central 
de Bahía, el de Sorocabana, el de Paraná — que tiene 
15 túneles en su línea y costosísimos puentes y 
viaductos, — el de Eío Grande á Bagé y otros mu- 
chos, que se hallan en su período crítico, en la faz 
del crecimiento económico, que sólo podrán vadear 
con el remolque fiscal de la garantía. Pero entre 
tanto las líneas se multiplican, y se extienden, y 
acortan las distancias alargando las trochas flan- 
queadas por el telégrafo. Cada vez con mayor con- 
vicción, el Brasil persiste en tejer y espesar sus 
redes ferroviarias. En la Conferencia internacional 
Americana celebrada en Washington en 1889, los 
distinguidos delegados del Brasil apoyaron el gran 
pensamiento de la línea Intercontinental; se decla- 
raron siempre partidarios de las grandes vincula- 
ciones internacionales, y al tratar en particular de 
su país, señalar 071 la conveniencia de una línea que, 
partiendo de la altiplanicie de Bolivia y atravesando 
el río Paracjuaij al norte de Bahía Negra, fnese á 
entrar al Brasil por la altura de Cornmbá, Y a^i se 
hixo el trazado general de la línea I?itercontine?ital^^\ 
Con corta diferencia de latitud era el mismo yensa- 

(1) Informe preliminar de la Comisión Ejecutiva del Ferrocarril Jntercon- 
¿incnto/.— Washington, 1893. 



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— 34 — 

miento qiie el Tratado de la As^indón viene á des- 
arrollar. 

Y henos aquí que llegamos á concretar el inte- 
rés del Brasil con el arreglo paraguayo -boliviano, 
después de un rodeo, tendente, en primer término^ 
á demostrar la urgencia de comunicaciones de nues- 
tro grande y buen vecino, — á constatar luego que 
ésa ha sido la patriótica obsesión de sus hombres 
de Estado, y á concluir por fin que esta vía, sal- 
vadora para Bolivia, valiosísima para el Paraguay, 
conveniente para los intereses honestos de Chile, 
no puede ser combatida por el Brasil, porque eso 
sería desmentir á sus hombres de ciencia y sería 
sobre todo rehusarse á recoger la utilidad innega- 
ble que se le brinda á esa inmensidad abrasada de 
Matto Grosso, inerme, inmóvil, con su Arsenal 
abandonado, su capital casi en ruinas y su correo 
servido á pie por los senderos crudamente asolea- 
dos. Matto Grosso revivirá cuando llegue á su cen- 
tro la vida refrigerante del tráfico ñuvial; cuando 
el futuro ferrocarril que llegará á la costa del río 
desde la altiplanicie boliviana le traiga los rumo- 
res de la actividad industrial de Chile, que hará 
sin duda copioso comercio con los productos ca- 
racterísticos de Matto Grosso. Esa línea boliviana 
acabará sin duda por atraer hasta 1^ margen orien- 
tal del río á la línea Mogyana y sobre todo al fe- 
rrocarril Oeste de Mina^ de que ya hemos dejado 
referencia ; y entonces, mientras el Brasil queda al 
habla con Chile, Matto Grosso, con toda su inex- 
plorada riqueza tropical, quedará definitivamente 



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— 35 — 

incorporado á la civilizactón, que hoy no arraiga 
en su territorio, porque la civilizacidn no puede 
aislarse sin ser más ó menos tarde sojuzgada por 
la barbarie. Es la sencilla moraleja « de juntar bue- 
nas manzanas — con otras ya enmohecidas : — no 
mejoran las podridas — pero se pudren las sanas. » 
Kobinsón, solitario, acaba por sentirse troglodita. 



VI 

El interés Argentino 

Nuestra briosa vecina del otro lado del río tiene 
también caudalosas razones para ver con buenos 
ojos la manumisión comercial de Bolivia. 

Es verdad — y hemos de consignarlo á fuer de sin- 
ceros — es verdad que muy probablemente no será 
para su puerto la mayor afluencia del movimiento 
que sin duda va á operarse en las aguas del Plata 
cuando Bolivia pueda utilizar el camino que ahora 
se abre á su afán; pero es verdad también que 
cuanto más incremento adquiera la vida comercial 
de Bolivia, mayor será el comercio de sus regiones 
del Sud, que van á estar servidas por el ferroca- 
rril Central Norte Argentino, que desde Jujuy donde 
se halla, va á extenderse hasta 'Laquiaca, frontera 
boliviana, y va á arrastrar hacia el puerto de Bue- 
nos Aires un tráfico cuantioso que, en lo que á la 
región Sur de Bolivia se refiere, no podrá ser des- 



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— 36 — 

viado por ninguna contingencia. No pueden hacerse 
iguales previsiones tratándose de todo el comercio 
de Bolivia, pues la arteria argentina no podría ha- 
cer concurrencia á la vía fluvial del Paraguay para 
el movimiento de las provincias del centro. Podría 
ofrecer alguna mayor rapidez, pero no podría com- 
petir en cuanto á las tarifas, que elevará conside- 
rablemente la dilatada tracción ferroviaria, no me- 
nor de 2500 kilómetros desde la Meseta de Oruro 
hasta el puerto de Buenos Aires. La ventaja de la 
rapidez, que es sin duda importantísima en gene- 
ral, no es tan apreciable en este caso, porque las 
máximas velocidades de transporte, aunque esti- 
mables siempre, sólo son indispensables para los 
países en pleno desenvolvimiento, cuando todas las 
energías producen, se aceleran y rinden lo suficiente 
para compensar los dispendios de la locomoción per- 
feccionada. En los comienzos, la baratura prima 
sobre las rapideces relativas, máxime en este caso, 
cuando la diferencia no será exorbitante, pues al 
ferrocarril argentino no pueden asignársele marchas 
mayores de 25 kilómetros, á causa de las malas con- 
diciones del subsuelo en la ancha parte de Chaco que 
atraviesa la línea, y de los trasbordos que le ocasiona 
forzosamente la diversidad imprevisora de sus tro- 
chas. En efecto : de Buenos Aires á Tucumán tiene 
este gran ferrocarril la trocha de 1 m. 676, y de Tucu- 
mán á Jujuy la de 1 m. — Suponiendo que la prolon- 
gación hasta Laquiaca sea hecha á este mismo 
tipo, no sabemos cuál emplearía Bolivia de su 
frontera para adentro, pero es lo más probable que 



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— 37 — 

adopte previsoramente la trocha normal de 1 m. 
44, para hallarse en el futuro dispuesta á entrar sin 
dispendios ni demora en la circulación general que la 
gran arteria Intercontinental está llamada á estable- 
cer, en un futuro más próximo de lo que puede 
creerse. 

Teniendo en cuenta, pues, la velocidad media 
asignada á la línea argentina que va á ofrecer su 
servicio á Bolivia, resulta que necesitará cerca de 
seis días para correr el trayecto de Oruro ó Sucre 
al puerto de Buenos Aires. Por el río Paraguay, 
contando siete días de navegación ( de la Asunción 
á Montevideo son cinco ) y uno entre ferrocarril y 
embarque, tendremos ocho días. Apenas " un 30 **/o 
de aumento en el tiempo, que sin duda será com- 
pensado' durante muchos años por la diferencia de 
las tarifas. 

Puede, pues, nuestra buena amiga la República 
Argentina conformarse con el tráfico que van á ofre- 
cerle las provincias bolivianas del Sur. La pequeña 
erogación que hará con la extensión de su línea 
tendrá compensaciones opimas de todos modos. Por 
lo demás, no podría sensatamente pretenderse que 
Bolivia volviera á entregar su porvenir á un nuevo 
monopolio ferroviario. Salir de Chile para meterse 
en la Argentina sería una novedad, ciertamente, pero 
no sería un rasgo de buen sentido. Sería cambiar 
de cama sin cambiar de dolor. 

Hay que considerar estos problemas en su natu- 
raleza y no en sus circunstancias de momento. De 
aquella manera se pueden asegurar ventajas perma- 



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— 38 — 

nenies. De este modo sólo pueden lograrse pro- 
ventos también de circunstancias. Y en estas co- 
sas es una falta imperdonable no tomar en cuenta 
las emergencias lógicas del porvenir. 

Los beneficios de la República Argentina en su 
futuro trato con BoHvia serán muchos y constan- 
tes, pero no serán tantos como ella tal vez se pro- 
mete, como lo hemos visto augurar alegremente, y 
también superficialmente, á alguno de sus diarios, 
vaticinando el advenimiento feliz de un tráfico fe- 
cundo y sin mnipeteíicia. No, no será así. Habrá 
competencia, para bien de Bolivia, pero alcanzará 
la feria para todos. Es preciso dejar ya de soñar en 
los monopolios, en las proficuas dictaduras, — ahora 
se tratará de luchar legítimamente, y obtendrá ma- 
yores beneficios quien ofrezca mayores ventajas. Por 
lo demás, lo repetimos : las riquezas que la Argen- 
tina va á movilizar en Bolivia entrando por La- 
quiaca no pueden calcularse ; y sus productos agrí- 
colas, su tasajo, su ganado en pie hallarán en 
aquella zona un mercado voraz, que se irá ensan- 
chando hacia el centro, á medida que las soleda- 
des se pueblen y que el trabajo las transforme en 
centros productivos y consumidores, — resultado á 
que la vía que va á abrirse por el río Paraguay 
concurrirá de un modo eficaz y positivo. 



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— 39 — 
VII 

El interés Oriental 

Llegamos al punto de nuestro trabajo que más 
justamente debe preocuparnos. Llegamos al mo- 
mento de tratar los intereses de la tierra propia. — 
Pero á esta altura, un feliz incidente ha venido á 
ayudarnos^ y vamos á glosarlo sin demora, porque 
liay en lo obrado algo que lo eleva sobre el nivel 
vulgar de nuestra opinión personal, abonándolo, en 
los grandes lincamientos del problema que estudia- 
mos, con el docto criterio de un diario que por do- 
ble razón debe ser escuchado en este caso: por la 
talla intelectual y moral del ciudadano que lo re- 
dacta y por el hecho de ser esa hoja, de oposición 
definida á la actualidad política del país. 

Cuando habíamos terminado de bosquejar el in- 
terés que el Tratado encerraba para la República 
Ai^entina y nos recogíamos para considerarlo desde 
el alto punto de vista con que debe mirarlo nues- 
tra tierra, apareció en La Baxón, (fecha 4 de Di- 
ciembre), el siguiente editorial: 

« EL TBATADO PARAGUAYO - BOLIVIANO 

« La prensa de palacio se manifiesta resentida, y 
un si es no es escandalizada, porque la prensa inde- 



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V\ 



— 40 — 

pendiente no echa á vuelo sus campanas^ algo más 
sonoras que las otras, en celebración de la victoria 
que nuestro gobierno ha obtenido en el aveni- 
miento del Paraguay y de Bolivia sobre su vieja 
ciiestión de límites en el Chaco. — La prensa in- 
dependiente, en efecto, ha dado las noticias oficia- 
les con cierta reserva de opiniones. — ¿Por estre- 
chez de ideas? — ¿Por falta de patriotismo? — No, 
señor; simplemente por falta de datos. 

« En la Asunción se ha firmado un Tratado de 
límites, entre el plenipotenciario paraguayo y el 
plenipotenciario boliviano. — Don Adolfo Bksánez, 
secretario de la Legación Oriental, encargado de 
negocios por muerte del ministro titular, comunica 
el hecho con felicitaciones al Presidente de la Re- 
pública, al Ministro de Relaciones Exteriores, y al 
Ministro de Fomento, por la parte que les cabe 
en la feliz terminación del negociado, y todos esos 
elevado» funcionarios retribuyen las felicitaciones 
al señor Basáñez, por la parte que á él también le 
ha cabido en la fausta solución de aquel litigio, te- 
rritorial. 

« Todo esto cae como una bomba en el campo de 
la opinión pública. — Nada se sabía de nuestra 
mediación en los asuntos paraguayo-bolivianos, y 
lo peor es que nada se sabe todavía, á no ser las 
felicitaciones recíprocas que han hecho palpitar el 
telégrafo. Está bien : — la prensa publica esos men- 
sajes de felicitación, y se limita á respetar el sen- 
timiento que los dicta, por no conocer absolutamente 
nada de los hechos que determinan esa explosión 
de entusiasmo. 



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m 



- 41 - .-- ^^Sc^*^ ' 

«Otra cosa hubiera sucedido si se huhÍerifli>fiu-*^;*(*' * ■ Ia'^ 
blicado telegramas del gobierno del Para^uuy ^!V*^ltí\Í¿v:- *V '^.-- "^ 
la Legación de Bolivia agradeciendo Ins lumnoíi . "^^ ^..^J- -^ 
oficios de nuestro Gobierno en el anv^^lo t¡o ^la^j^ ' '^'^• 
cuestión de límites, como parece natuijil (jiic <le-*^^ 
biesen existir si en realidad esos buenos oficios ^^^_ - _ • 
han tenido alguna eficacia, como lo sup<memos, en 
el acercamiento de las altas partes contratantes. Ni 
el Gobierno del Paraguay ni la Legación de Boli- 
via habrán creído del caso emplear ej telégrafo 
para tales fines; — pero el agradecimiento constará 
por notas, y entonces, pudiendo ya nuestra canci- 
llería publicar todos los documentos que se refie- 
ran á su amable intervención en las divergencias 
de las dos naciones amigas, habrá llegado la opor- 
tunidad de que la prensa juzgue y aplauda la ha- 
bilidad diplomática del señor Idiarte Borda, y de 
los demás ciudadanos que lo han ayudado á con- 
solidar la paz y la armonía en la zona central de 
Sud- América. 

« Sin este requisito, la prensa independiente que 
batiese palmas, haría un papel parecido al del cor- 
tesano de vaudeviUe que decía : « Sire, no conozco 
vuestra opinión, pero la comparto en absoluto. » 

« Eso en cuanto á la intromisión fecunda del go- 
bierno oriental en el litigio paraguayo-boliviano. 
. « En cuanto al desenlace de esa antigua cuestión^ 
claro está que nadie deja de considerarlo, en pri- 
mer lugar, un acto plausible de confraternidad 
americana, y en segundo término una combinación 
territorial beneficiosa para los países situados en la 
embocadura del Río de la Plata. 



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— 42 — 

<< Bajo el primer punto de vista, la cosa es tan sen- 
cilla que no necesita demostraciones verbosas. — 
Solivia que se ahoga en su posición mediterránea 
y el Paraguay superabundante en tierras tropicales 
cuya colonización á penas podría ser la obra de 
muchos siglos, darían el más triste ejemplo si no 
pudiesen arribar á una conciliación de intereses, 
mediante la cual Bolivia tenga amplia salida hacia 
los afluentes del Plata, y el Paraguay abra la puerta 
á comunicaciones internacionales que deben serle 
considerablemente útiles. 

« Bajo el segundo punto de vista, hay que distin- 
guir. — Asegurados sus dominios en el Alto Para- 
guay, Bolivia podrá construir un ferrocarril que la 
acerque á ese río y desenvolver una corriente de 
comercio importante, aguas abajo, rematando en 
Buenos Aires ó Montevideo. — Es un bien, por 
consiguiente, para estos países, que la cuestión 
paraguayo -boliviana haya llegado á su término. 

« ¿ Pero es permitido imaginar que esa futura co- 
rriente de comercio sea totalmente absorbida ■ por 
el puerto de Montevideo? 

«Sería pueril, á nuestro juicio, suponer que podría- 
mos conseguir de Bolivia un Tratado especial, para 
asegurarnos los beneficios de sus nuevas comuni- 
caciones con el mundo. — Ni tendríamos ventajas 
que ofrecerle en compensación, ni aun teniéndolas, 
sería posible que país alguno consintiese en some- 
ter sus relaciones comerciales á un monopolio de 
estaciones de tránsito. 

« El futuro comercio boliviano buscará esas esta- 



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- 43 — 

ciones según la ley de sus propios intereses, — y 
no hay que engañarse: mientras Buenos Aires ten- 
ga puerto artificial, y Montevideo pnerto primitivo, 
la preferencia no será para Montevideo: será para 
Buenos Aires. 

«Auna igualdad de puerto, es probable que Buenos 
Aires nos aventajase por sus condiciones de puerto 
terminal para la navegación trasatlántica y por las 
condiciones de superioridad que oft'ecen los gran- 
des emporios para el desenvolvimiento de las ope- 
raciones comerciales. 

« Necesitamos construir nuestro puerto, aprove- 
chando las ventajas de nuestra posición geográfica, 
con facilidades especiales para la navegación de los 
grandes buques que no pueden llegar á Buenos Ai- 
res, y sólo en ese caso podrá lisonjearnos la espe- 
ranza de que sino todo, la mayor parte del comercio 
de Bolivia, en la corriente del Plata, tenga en Mon- 
tevideo su entrepoty ya para traer acá sus productos, 
ya para llevar las mercaderías de retomo. 

«¿Estamos equivocados? — Quisiéramos saber por 
quó. — Quisiéramos saber por qué el futuro comercio 
boliviano está predestinado á la ciudad de Monte- 
video. — ¿Será por agradecimiento á la mediación 
del señor Idiarte Borda? 

« Si algo nos enseña la celebración del Tratado de 
límites entre el Paraguay y Bolivia, es la necesidad 
de apresurar la construcción del puerto y de tratar 
de hacerlo en condiciones que material y económi- 
camente superen á las del puerto argentino. — Así 
estaríamos preparados para las risueñas eventuali- 



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— u -^ 

dades que deleitan como cosas hechas á nuestros 
inocentes diarios de palacio; — así demostraríamos 
un espíritu previsor que nos ha faltado hasta ahora 
y cuya falta estamos pagando con la visible deca- 
dencia de una gran parte de nuestro antiguo comercio 
de tránsito. » 

Era la primera opinión reflexiva de nuestra prensa 
sobre asunto de tanta cuantía. Sólo los diarios 
afectos al Gobierno habían hecho referencias de 
cierta latitud, — pero en reaUdad, discusión, desarrollo 
de vistas, tendencias al estudio positivo que la cues- 
tión estaba reclamando, nada todavía. ¿Por qué? 
La razón que se daba era que no se conocía la 
naturaleza de la mediación del Gobierno en el 
negociado diplomático, pero era óbice baladí, por- 
que estaba á mucha mayor altura de ese factor del 
problema el problema mismo. A nosotros, since- 
ramente engolfados en este pequeño trabajo, nos mo- 
lestaba bastante la especie de faquirismo en que 
involuntariamente veníamos oficiando, — nos pesaba 
el silencio ambiente en torno de un tema que con 
tanta razón debía despertar el examen de la prensa 
ilustrada. Sabíamos que el Paraguay, ante cuyo Con- 
greso debe ventilarse en definitiva el Tratado, por 
la propia razón de nuestra ingerencia oficiosa iba á 
fijar sus ojos en este pueblo para oir de su boca 
la confirmación ó la negación de los buenos oficios 
del Gobierno; y comprendíamos que la opinión 
adhesiva ó el silencio indiferente de nuestra prensa 
iban á pesar muchísimo en la opinión paraguaya. 



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— 45 - 

Si nuestro pueblo, por boca de sus grandes diarios, 
no apoyaba lo que había hecho el Gobierno, ¿qué 
iba á resultar? que el prestigio del arreglo iba á 
quedar reducido á los buenos deseos oficiales; que 
allá y aquí sería un acto impopular, cuando tan al- 
tos títulos tiene para que los dos pueblos le acuer- 
den, como sin duda le acordarán, la sanción potente 
y decisiva de las adhesiones plebiscitarias. 

Influidos por tales ideas suspendimos por un mo- 
mento la para nosotros gratísima tarea de redactar 
estas líneas y escribimos una carta al doctor don 
Carlos M.'* Ramírez, Redactor en jefe de La Bazón, 
expresando rápidamente nuestras impresiones con 
relación al estado del asunto que aquel diario aca- 
baba de abordar. Debemos al doctor Ramírez la 
fineza de haber publicado editorialmente nuestras 
líneas en la siguiente forma : 

«EL TRATADO DE LA ASUNCIÓN 

« Aludiendo á las noticias sobre la negociación del 
Tratado de límites entre el Paraguay y Bolivia, de- 
cíamos ayer ; 

« Todo esto cae como una bomba en el campo 
de la opinión pública. — Nada se sabía de nuestra 
mediación en los asuntos paraguayo - bolivianos, y 
lo peor es que nada se sabe todavía, á no ser las 
felicitaciones recíprocas que han hecho palpitar el 
telégrafo. Está bien : — la prensa independiente pu- 
blica esos mensajes de felicitación, y se limita á 
respetar el sentimiento que los dicta, por no conocer 



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— 46 — 

absolutamente Dada de los hechos que determinan 
esa explosión de entusiasmo. 

« Otra cosa habría sucedido si • se hubieran pu- 
blicado telegramas del Gobierno del Paraguay ó de 
la Legación de BoHvia agradeciendo los buenos ofi- 
cios de nuestro Gobierno en el arreglo de la cues- 
tión, de límites, como parece natural que debiesen 
existir, si en reahdad esos buenos oficios han tenido 
alguna eficacia, como lo suponemos, en el acerca- 
miento de las altas partes contratantes. Xi el Go- 
bierno del Paraguay ni la Legación de Bolivia ha- 
brán creído del caso emplear el telégrafo para tales 
fines; — pero el agradecí miento constará por notas, 
y entonces, pitdiendo ya nuestra cancillería publi- 
car todos los documentos que se refieran á su ama- 
ble intervención en las divergencias de las dos na- 
ciones a?nígas, habrcí llegado la oportunidad de que 
la prensa juzgue y aplaiula la habilidad diployná- 
tica del señor Miarte Borda, y de los demás ciu- 
dadanos que lo han ayudado á consolidar la paz 
y la armonía en la xorui central de Sud- América, » 

« Y apenas lo habíamos dicho, ya el Gobierno es- 
taba en aptitud de publicar las notas de agradeci- 
miento á que aludíamos, y que van en otro lugar, 
siendo sensible, sin embargo, que no se publiquen 
otros documentos conexos con la negociación, y de 
cuya existencia han hablado los diarios oficiales. 

«Pero lo conocido basta ya para comprender que 
nuestro Gobierno y nuestra diplomacia tienen par- 
ticipación honrosa en el arreglo definitivo de los 
límites paraguayo - bolivianos, y por ello debemos 
tributarles el más sincero aplauso. 



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— 47 — 

« Si alentado nuestro Gobierno por el fruto de su 
mediación en este asunto^ pudiera ofrecerla con 
éxito para propender á la extinción de la guerra 
civil que devasta la provincia de Río Grande del 
Sur y perturba nuestra frontera, — sería éste un 
nuevo servicio que prestaría á la paz de Sud- 
América y cuyas consecuencias aprovecharían de 
inmediato á nuestro propio país. — No insistiremos 
sobre esto, — apenas lo indicamos — y cedemos la 
palabra al galano escritor que nos favorece con sus 
explicaciones sobre el Tratado de la Asunción, to- 
mando por tema el breve artículo que ayer publicó 
La Razón. — Dice el señor Bernárdez : 

« Señor Director de La Raxón : 

« Mucho celebraría que su discreto artículo refe- 
rente al Tratado de líuiites que acaba de firmarse 
ad referendum entre Bolivia y el Paraguay, fuese 
el paso inicial de nuestra prensa en la considera- 
ción de este asunto, que tanto tiene que ver con 
nuestros intereses del futuro, aparte de la impor- 
tancia que reviste como acto de armonía y prenda 
de paz definitiva entre dos países sud- americanos, 
cuya vida comercial y económica va á adquirir 
además incalculable desenvolvimiento, si el Tratado 
en cuestión se sanciona, como es de desear y es- 
perar. 

« En lo fundamental, plantea La Ilazón el pro- 
blema Qii sus verdaderos términos. Bolivia, con de- 
recho á usar la vía que ha venido anhelando, va 



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— 48 — 

á acercarse rápidamente al río Paraguay y á des- 
envolver una corriente comercial importante aguas 
abajo, rematando en Buenos Aires 6 Montevideo. 
Son las propias palabras del artículo y es la ver- 
dad lógica de las cosas. 

« Pero asalta á La Ba.wn una duda: « ¿ Es per- 
mitido imaginar, pregunta, que esa futura corrriente 
de comercio sea totalmente absorbida por el puerto 
de Montevideo ? Sería pueril suponer que podríamos 
conseguir de Bolivia un Tratado especial para ase- 
gurarnos los beneficios de sus nuevas comunica- 
ciones con el mundo. » 

« Es verdad. Tanto á la pregunta como á la de- 
ducción que la sigue, puede contestarse asintiendo. 
En efecto: sería pueril pretender que Bolivia se 
escape de un monopolio para engrillarse en otro. 
Pero es permitido imaginar que la futura corriente 
comercial que desarrollará Bolivia hacia el Plata 
va á encauzar preferentemente en el puerto de Mon- 
tevideo, — pero en el futuro puerto de Montevideo, 
en cuyo porvenir es discreto ir pensando. 

« Esto, con su claro talento y su saber indiscuti- 
ble, lo ha comprendido el director de La Baxófi, 
Es la solución que ha encontrado al teorema, y es 
en efecto eso lo racional. Lo malo es que nos su- 
pone á nosotros engatusados con la esperanza de 
algán otro beneficio milagroso que del arreglo en 
cuestión ha de gotearnos por obra y gracia de la 
intervención de nuestro Gobierno. Y digo nos su- 
pone, porque en uno de los « inocentes diarios 
de palacio » escribí yo sobre este asui:ito. Por mi 



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^ . 



— 49^ — i^ i 

fe %■ 
parte, no ha habido tales cabellos <fe ángel, VijiA&^ 

cual no es jaetaneía ni cosa que to valgl^ — \ (V <L 

es solamente qne, estando en autos de ks p:<^^^^[j<^^'-'^^^^^ í^ 
n€& pendientes por haber tomado relacioni?.s f^^f?/'-^^ . ^^^^tT' 
amistad con eí distingaido plenipotenciario l>olí-^^*¿¿^'t j^ 
viano doctor Ichaso, pnde estudiar el asunto y 
darme cuenta de su . positiva importancia para 
nuestra República. ¿Importancia inmediata? No. 
Pero tampoeo Bolivia empezará á enviar sus pro- 
ductos al Plata mañana ni pasado. Tiene que ha- 
cer una línea ferrovaria mayor de 800 kilómetro» 
para llegar d la costa del río Paraguay; tiene que 
organizar un servicio de navegación especial de 
Puerto Pacheco á la Asunción, porque de Villa 
Encamación para arriba hay en el río elevaciones 
de fondo que no permitirán subir á los vapores 
que actualmente hacen la carrera del Paraguay. Y 
todo esto tiene que empezar á hacerlo, natural- 
mente, después de aprobado el Tratado por los 
Congresos paraguayo y boliviano, lo cual, aunque 
debiera serlo, no es muy sencillo, y producirá dis- 
cusiones vehementes, pues ese Tratado mismo, con 
diferencia de términos, ha sido rechazado ya dos 
vece» por eí Congreso paraguayo, por más que su 
conveniencia para las partes contratantes es tal, 
que en opinión del ilutrado redactor de La Raxóu 
^ no necesita demostraciones verbosas. » 

« El «triste ejemplo » de negarse á aceptar el Tra- 
trado en cuestión, tan bené^fico para Bolivia que se 
ahoga y para el Paraguay anclado en pleno de- 
sierto, ese « triste ejemplo » se ha producido y re- 



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— 50 — 

petido ya, por razones que debemos respetar, pero 
que consideramos felizmente caducadas, merced á las 
elevadas vistas con que ha vuelto á encararse este 
viejo y debatido problema. Sin embargo, no hay que 
desdeñar la fuerza negativa de los precedentes. De 
suerte que ks influencias amigas que concurran á 
que en esta apelación suprema se revoquen las dos 
sentencias anteriores, será siempre plausible. He 
aquí por qué aplaudí los acertados oficios de nues- 
tro Gobierno. ¿Que en .qué consistieron? ¡pues, en 
eso! Pero, ¿qué hace en definitiva' al asunto la 
forma en que nuestro país haya podido Influir en 
su buena solución? Lo esencial son las conexiones 
de esa sohición con nuestros intereses, — entiéndase 
bien, con los intereses permanentes de la República, 
que el Gobierno habrá coacurrido á favorecer, con 
un criterio que no puede ser más desinteresado, 
puesto que los beneficios que por ahí puedan ve- 
nirnos, no vendrán seguramente durante esta Ad- 
ministración. 

■ « El error — si me es permitido hacerlo notar — ha 
■consistido en creer que el Gobierno se atribuía, ó 
que se le atribuía, una victoria diplomática desti- 
nada , á cubrirnos inmediatamente de inefables 
prosperidades. No. Yo me permito creer que puede 
desglosarse la intervención de nuestro Gobierno 
en el asunto, y que siempre quedará un remanente 
serio, digno de que se le pondere y se le estudie. 
« Y ya el tema en esa altura, podrán verse con 
claridad las proyecciones de futuro que el arreglo 
paraguayo-boliviano va á brindarnos, merced á 



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— 51 — 

nuestra afortunada posición geográfica, y merced^ 
sobré todo, á las condiciones de superioridad en 
que podemos construir nuestro puerto, en relación 
con los de Buenos Aires y La Plata. 

« Y he aquí que — si bien con un poco de verbo- 
sidad — llego, salvando observaciones de detalle, 
á concordar con La Razón en el verdadero medio 
de atraer hacia nuestras aguas al futuro comercio 
boliviano: ofreciéndole un puerto ventajoso. 

« Esto prueba, que, por nuestra parte, no nos he- 
mos « deleitado en el asunto como en cosa hecha » ; 
pero sí, lo hemos considerado como un gran fac- 
top de prosperidad comercial que nos está desti- 
nado, atribuyendo de antemano á nuestro magno 
problema portuario la solución previsora y patrió- 
tica que hay derecho á pedir y á esperar, ya que, 
encarrilado como está el asunto, puede creérsele al 
abrigo de cualquier alcaldada científica. 

« Partiendo de esta base, las deducciones favora- 
bles á nuestros intereses fluyen en un encadena- 
miento sencillo. 

« Las obras del ferrocarril boliviano destinado á 
llegar á la orilla occidental del río Paraguay sobre 
Puerto Pacheco, en el caso de que el Tratado ob- 
tenga la sanción de los dos Congresos que debe 
atravesar, correrán aproximadamente en un desen- 
volvimiento paralelo á las obras de nuestro puerto. 

«Tenemos de nuestra parte á la Naturaleza. La 
superioridad de nuestro puerto se impondrá de se- 
guro; se impondrá sobre el de Buenos Aires, á 
cuyas dársenas no pueden entrar buques de más de 



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— 62 — 

18 pies de calado; se impondrá sobre el dé La Plata^ 
donde sólo pueden operar baques de 22 á 23' pies^ 
á condición de que entren y salgan casi á media 
carga, esto es, con 1,000 ó 1,500 toneladas de menos 
lo cual es obvio que debe encarecer los fletes en 
una proporción considerable, -r- En cambio nosotros^ 
gracias á la profundidad natural de los canales de 
acceso, podremos abrir nuestro puerto á los colosos 
de la navegación, á los trasatlánticos de 27 y 28 
pies de calado, que podrán entrar y salir con car- 
gamento pleno y aón con abarrote. 

«Está en lo cierto, pues, el ilustrado director de La 
Baxón cuando señala la manera de atraer, no por 
Tratados imposibles ni por agradecimientos román- 
ticos, el futuro comercio boliviano. Pero también 
íbamos bacia tierras conocidas los que, sin mayores 
aspavientos, pero adjetivando la oración como era 
del caso, hablamos del arreglo reputándolo un acon- 
tecimiento trascendente y aplaudiendo la oportuna y 
eficaz intervención de nuestro Gobierno en las ges- 
tiones diplomáticas que prepararon la solución. 

«Esta última parte ¿ha podido rozar algunas epi- 
dermis ? \ En hora buena ! se quita del expediente» que 
al fin y al cabo no estamos todavía haciendo his- 
toria, ni creo que el Gobierno esté rabiando por que 
lo aplaudan. Tanto, que en la cartera del señor Mi- 
nistro de Kelaciones, me consta que hay desde el 
sábado un telegrama del plenipotenciario boliviano, 
doctor Ichaso, dando las gracias al Gobierno por 
sus eficaces oficios en la negociación, — precisamente 
el telegrama que pedía La Raxón ayer para pro- 
nunciarse. 



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— 53 — 

¿ Que por qué no lo publicó el señor Ministro ? 
] Vaya uno á saber ! Puede que fuera porque nada 
nuevo decía si no era lo de la intervención, cosa 
que acaso creyó el doctor Estrázulas bastante con- 
firmada por la palabra oficial y pública del diplo- 
mático oriental en la x4Lsunción, quien sin duda de- 
bía saberlo .... O .puede que no lo haya publicado 
por otra razón, que no considero urgente conocer> 
pues ya me he tomado la libertad de opinar que 
el aplaudir al Gobierno era, ante la magnitud de 
esta cuestión, un detalle que podía eliminarse. Pero 
fechó, reconozcamos la importancia del asunto, es- 
tudiémoslo, prestigiémoslo ; no hagamos como acjuel 
feligrés que escuchaba impasible un sermón con- 
movedor. — «Pero hombre, ¿es posible que usted 
no se conmueva ? » — « No, señor ; no me conmuevo 
porque no soy de la parroquia. » 

Excúseme doctor : pero hay tanto que hablar 
sobre este asunto y sus derivaciones que, la ver- 
dad, no he podido compritnirme, Y es más : como 
me hallo en huelga periodística y no puedo acos- 
tumbrarme á callar, se me está saliendo un folleto, 
un ligero estudio del Tratado éste, y de la impor- 
tancia que puede revestir para cada uno de los 
Estados á que directa ó indirectamente interesa. 
Allá irá el folleto dentro de ocho ó diez días, á 
agravar éste que ya va siendo atentado á su aten- 
ción. Pero en la afectuosa cortesía que lo distingue 
confío que seré absuelto por todo. 

Montevideo^ Diciembre ó de 1894. 

Manuel Bernárdez. 



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--- 54 — 

« P. D. — Cuando corregía la prueba de estas letras, 
veo que está esperando aquí sobre la mesa de La 
Razón otra prueba conteniendo las notas oficiales 
que comprueban y explican la intervención oriental 
en el arreglo boliviano-paraguayo. Está también el 
telegrama á que hago referencia; todo lo cual se 
ba entregado hoy á la prensa. 

«Perfectamente. Ahora podremos conversar sin 
escrúpulos ni ironías. 

M. B.» 

Moral: Que la cuestión toma plaza en el ánimo 
ilustrado de los publicistas ; que la prensa va á en- 
trar sin duda á considerar serenamente el arreglo, 
con la buena fe incoercible que como á institución 
popular la distingue y prestigia, y aún la salva en 
sus ofuscaciones momentáneas ó en sus errores in- 
voluntarios. Bien. Bien empleado estará su trabajo ; 
nosotros vamos á reducir los términos del nuestro, 
ya que la prensa toma la palabra. Esperamos ce- 
rrar estas páginas llevando al Congreso y al pueblo 
paraguayo la soberana sanción pública con que nues- 
tro país va á refrendar sin duda la palabra de con- 
cordia, la acción de fraternidad americana que el 
Gobierno Oriental llevó con feliz auspicio á la dife- 
rencia de Bolivia y del Paraguay, — de Bolivia, cuyo 
infortunio debía forzosamente despertar las nobles 
simpatías orientales ; del Paraguay, que ha sido siem- 
pre para nuestro pueblo un hermano predilecto ^^K 

( J ) La premura del tiempo no nos ha permitido esperar el cambio de 
opiniones de la prensa nacional. La atención se vuelve hacia aquellos paí- 



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— 55 — 



VIII 

Entre paréntesis 

Antes de llegar á las alturas finales desde donde 
anhelamos enviar nuestro afectuoso pensamiento á 
los amigos del Trópico, es pertinente, ya que el Go^- 
bierno entregó á la opinión los documentos en que 
queda probada su eficaz mediación en este arreglo, 
dedicar siquiera breves palabras á la naturaleza de 
esa mediación, á su origen y á su alto alcance 
moral. 

No es, — como lo ha afirmado ud ilustrado dia- 
rio, — no es del ex ministro doctor Piñeiro del 
Campo, ni es de ningún hombre de nuestro país 
la iniciativa de nuestra intervención en este im- 
portante arreglo. 

ses que hasta hoy nos parecían tan distantos. Todos los días traen ahora 
nuestma diarios tolegramas del Paraguay y noticias de las deniíls Repi'i- 
blicas del centro. Las opiniones andan todavía inciertas porque ciertas 
roces de oposición, al Tratado levantadas en el periodismo paraguayo han 
impuesto reserva á algunos diarios. Sin embargo, La Raxóu, El Bien, El 
Siglo, El Heraldij, La Tarde, La Tribuna Pojmlar, El Ejército Uruguayo, 
La Nación y La España han consignado ya impresiones ó estudios favo- 
rables á la negociación en debate. Opiniones personales han surgido va- 
rias, debiendo citarse entre ellas la del doctor Joaquín Lemoine, distinguido 
hombre de letras boliviano, que publicó en El Siglo un bello artículo so- 
b^ el Tratado, y la del estudioso joven señor Nicolás Alfredo Bota, digna 
de toda atención, ya por la abundancia de antecedentes de su artículo pu- 
blicado en La Tarde, ya por su calidad de paraguayo. El señor Bota 
reputa que el Tratado es un rasgo de fraternidad americana y un acto de 
elevada conveniencia para su país. 



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••- 56 — 

La iniciativa pertenece al primero y mayor inte- 
resado: al diplomático Boliviano. El vino al Plata 
á buscar aliados para la justa demanda de su país ; 
aliados morales que, como el Uruguay, por virtud 
de bien probadas simpatías, lo fuesen á la vez de 
la nación paraguaya. El no buscaba presiones: bus- 
caba amistades, porque traía la conciencia de que 
era en el campo de la paz, en la elevada esfera de 
la confraternidad solidaria donde había de hallarse 
por fin la fórmula del Tratado, que la pundonorosa 
susceptibilidad paraguaya no firmaría jamás sobre 
un tambor de guerra aunque estuviera cubierto con 
una bandera amiga^ ni siquiera bajo la más indi- 
recta y remota añagaza de coerción á su acrisolada 
y altiva soberanía. El doctor Telmo Ichaso anhe- 
laba sinceramente ultimar el arreglo; por eso quería 
llevarlo del terreno de las disputas bravias al de 
las transacciones generosas, donde seguramente los 
dos pueblos iban á rivalizar en hidalguía, ya que 
con certeza el Paraguay no disputaba el valor ma- 
terial de la tierra litigiosa, sino los (|ue entendía 
ser sus fueros de señorío territorial. 

Y nótese de paso el carácter excepcional de la 
cuestión entre estos dos países. Xo era una que- 
rella sobre tierras cuyo dominio significase lo mismo 
para uno que para el otro de los litigantes; no era 
una cuestión como la de Misiones ó la de Pata- 
gonia, consistentes en llevar la frontera un grado 
más , acá ó más allá, en cuyo caso es muy difícil 
hallar una razón mayor para ceder, una razón que el 
adversario no tenga. Era el presente un íUfferetidimi 



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-57- ,r¿., ,,, ■ 

especialísimo, realmente excepcional. Victorioá^rta\:,;%j 
Ai^eatina en la cuestión Misiones, tendría el pl^erp 
de extender un poco su mapa por el Xorte ; pero^^ 
fuese vencida por el mejor derecho de su vecino, v/^ 
nada ó casi nada perderían por ello su comercio, 
su agricultura, su admirable desarrollo. Y el pro- 
blema Vuelto por pasiva, tendría exactameute las mis- 
mas fases para el Brasil. Pero en el caso que exami- 
namos hay una diferencia capital: mientras que para 
el Paraguay se trata de algunas leguas de desierto, * 
para Bolivia se trata de su libertad, de su porvenir, 
de su suerte como pueblo. El Paraguay presenta sus 
derechos al territorÍ9, y Bolivia presenta sus derechos 
á la vida. Desde ese momento el litigio debía estar fa- 
llado por el Paraguay primero que por nadie. 

Pero era preciso que las cosas pudieran presentarse 
así, en esa forma real, especial, elevada, para lo cual 
se hacía indispensable que llegaran á reanudarse las 
gestiones, no como entre beligerantes, sino como entre 
amigos. Ciertamente, la suspicaz política paraguaya 
no estaba muy dispuesta á navegar en aguas tan bo- 
nancibles; y iiié sin duda para lograr orientaciones 
en tal sentido que el diplomático de Bolivia buscó la 
mediación amistosa del Uruguay. 

Altas razones de fraternidad inclinaron desde 
lu^o el ánimo del ilustrado Ministro de Relacio- 
nes Exteriores doctor Piñeiro del Campo. Pero 
llevado el asunto al seno del Gobierno, adquirió 
allí, ampliamente considerado, nuevos y vastos as- 
pectos, revelándose las proyecciones de la cuestión 
v sus relaciones futuras con los intereses de los 



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- 58 — 

demás Estados. El Presidente de la República se- 
ñor Idiarte Borda comprendió en seguida la im- 
portancia del problema y resolvió apoyarlo con 
todo su prestigio, siendo desde entonces el más de- 
dicado y tenaz en la prosecución del arreglo ^ ^ \ 

(1) Sobre este punto, La Tarde, diario indepeudieute y de buen cré- 
dito noticioso, publicó la siguiente información, que en lo fundamental 
coucuei'da con la nuestra, si bien insistimos en que el doctor Ichaso traía 
el propósito de solicitar la mediación del Uruguay, y que él inició las in- 
sinuaciones en tal sentido, como habló á algunos miembros de la prensa, 
entre ellos al que esto escribe, manifestando con toda sinceridad su an- 
helo de que no sólo el Gobierno, sino la opinión de nuestro pueblo pres- 
tigiasen oportunamente ante nuestro amigo el Paraguay la nueva gestión 
de Bolivia. 

He aquí la información de Im Tank : 

« La bask de una intervención. — Muchos comentarios se han hecho 
en estos días respecto á la intervención de nuestro Gobierno en la nego- 
ciación de límites entre el Paraguay y Bolivia, y hasta so ha llegado á dar 
los nombres de los hombres públicos de nuestro país á quienes se atri- 
buye el pensamiento de aquella intervención. 

« En antecedentes de lo que rcalmonte lia ocurrido, podemos decir que 
se ha padecido error en la designación de aquellas personas. 

«Es sabido que á la llegada del doctor Ichaso, representante de Bolivia 
en nuestro país, fué ose diplomático objeto de nuMtiples atenciones por 
parte del Presidente de la ReiJÚblica, quien le manifestó repetidas veces 
su anhelo de que la enojosa cuestión de límites con el Paraguay quedase 
satisfactoriamente zanjada. 

« ICl doctor Icliaso, poco tiempo después debía partir pai-a el Paraguay, y 
coniprondieudo, sin duda, las dificultades con que habría de tropezar, ma- 
nifestó al despedirse del señor Idiarte Borda, que habia creído ver, en los 
deseos por él manifestados, una insinuación de que su gobierno no tendría 
inconveniente en mediar amistosamente en el arreglo de que se iba á tratar. 

<^ Esa mediación, desde luego, no podía pedirse al Brasil ni á la Argen- 
tina, por la sencilla nizón de tener pendientes ambos países cuestiones á 
arreglar con el Paraguay. 

«Era, pues, el nuestro, el único que se hallaba en condiciones de una 
mediación eficaz, y el Presidente de la República se decidió á ofrecerla 
francamente, después de consultado su gabinete, en el cual encontró el 
pensamiento la mejor acogida. 

«Esa es la base de nuestra intervención en el asunto límites de Bolivia y 
Paraguay. 

«En cuanto ¿I la negociación realizada, nos consta que en poder del go- 



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— 59 — 

Sin embargo, como es sabido, porque hasta aquí lo 
trajo el telégrafo, las negociaciones habían fracasado 
en la primera quincena de Noviembre; y al doctor 
. Jaime EstráziJas, que desde su entrada al Ministe- 
rio de Relaciones había tomado con celoso interés 
la continuación de los oficios que encontró inicia- 
dos, capole la satisfacción de conseguir que se rea- 
nudasen las conferencias entre los diplomáticos con- 
tratantes y se llegase por fin al convenio en que, 
según se desprende del texto de las nptas que van 
en el apéndice, hubo hidalgas concesiones por am- 
bas partes. Don Adolfo Basáñez, Agente de Ne- 
gocios del Uruguay en el Paraguay, tuvo parte sa- 



bierno obran varios documentos interesantísimos, pero que una prudente 
y explicable reserva ha aconsejado mantener en secreto. » 

Por su parte El Bien, diario conservador y circunspecto por su condi- 
ción de órgano católico y por la seriedad de sus redactores, registró la si- 
guiente versión, que está, según creemos, ajustada á la verdad general de 
los antecedentes : 

La cuestión paraguayo - boliviana — Se atribuye por una parte al Mi- 
nistro de Fomento, señor Castro, la iniciativa de la intervención oficiosa 
de nuestro Gobierno para el arreglo de la cuestión de límites entre el Pa- 
raguay y Bolivia ; y por otra parte, se la da al doctor Piñeyro del Campo, 
Ministro de Belaciones Exteriores en el momento de iniciarse la efícaz in- 
tervención. 

Tenemos hasta cierto punto la oMigación de terciar entre esas opiniones, 
porque fué El Bkn el primer diario que dio noticias de las gestiones del 
Ministro de Bolivia, doctor Ichaso^ ante nuestro Gobierno. 

Dijimos entonces, y hoy repetimos, que al doctor Ichaso el Gobierno de 
su país le había confiado entre otras misiones la de obtener por la in- 
fluencia del Gobierno Oriental la solución apacible de la cuestión pendiente 
desde tanto tiempo entre Bolivia y Paraguay. 

El Gobierno Boliviano tenía en cuenta para preferir la ayuda del nuestro, 
varias razones de consideración. En primer lugar, el antecedente de un 
arbitramiento del Gobierno Oriental con resultado favorable á Bolivia y de 
probada imparcialidad, segün expresión del mismo doctor Ichaso al pre- 
sentar sus credenciales ; y en segundo lugar, la mejor condición de nuestro 



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— 60 — 

líente en el buen rumbo del asunto, conduciéndose 
con la más recomendable cordura, y sosteniendo desde 
el principio, con habilidad y discreción, el noble carác- 
tet" de la mediación del Uruguay. Una sinceridad clara 
y honesta caracterizó la acción de nuestro país, abo- 
nando la confianza y el influjo que le otorgó el 
Paraguay. Tanto al diplomático "de Bolivia como 
al Ministro del Paraguay, les manifestó nuestro Go- 
bierno que el Uruguay aceptaba el honor de me- 
diar en su litigio, y que sería su mayor jábilo po- 
der influir con acierto en una solución fecunda, 
digna de los dos pueblos que habrían de firmarla. 
Pero que cumplía á su lealtad hacer presente que 
este país, además de las razones de interés general 



país en coiuparacióu con la Argentina y Brasil, para hacer valer influcneias 
amistosas ante el Paraguay, obligado á, ól por motivos de gratitud nacional 
que son bien conocidos. 

Y aparta de estos motivos, el doct-or lehaso no dejó de indicar la pix>- 
babilidad de que Montevideo pudiera ser el i)uerto preferido del comercio 
boliviano para el intercambio con Europa, en vez del de Valparaíso, que 
lo es actualmente. 

Todo esto expresó el doctor Idhaso al señor Idiarte Borda al pedirle quo 
ejei"citara amistosamente su influencia para conseguir la solución de la 
cuestión que dependía casi únicamente del Paraguay. Y aun cíeemos que, 
reíiri^'ndose más tarde al señor Basáñez, que estaba encargado de la Le- 
gación, indicó el diplomático boliviano la oportunidad favorable de tener 
nuestro Gobierno para sus buenos oftcios un agente sin vinculaciones en el 
Paraguay, bienquisto perstmalmente de las personas del Gobierno de aquel 
país, y dotado para el caso de sagacidad afírcciable. 

En cuanto al provecho que, aparte del honor de haber contribuido á la 
feliz terminación del litigio, puede logi*ar nuestro país, La Razón ha dicho 
muy bien que no podrA liacerse efectivo si no nos ponemos en condiciones 
de ofrecer al comercio de Bolivia ventajas cuando menos iguales á las de 
Buenos Aires, que con su puerto malo y todo, pero más cómodo y seguro 
qu«> el nuestro, con las industrias locales y el papel moneda, atraerá toda 
esa corriente comercial que ilusoriamente creíamos merecer por el solo mé- 
rito de la intervención. 



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— 61 — 

y de buepa política americana que lo impulsaban á 
prestar sus oficios amistosos, tenía intereses direc- 
tos, conveniencias que le eran concernientes, y que, 
aunque de futuro, pesaban de una manera deeisiv^a 
en el ánimo del Gobierno. 

'Antes de ser conocida la forma de nuestra me- 
diación, pedimos que se la dejase de lado por ahora, 
si era que el leve escorzo de la silueta presidencial, 
nueva forma de Harpócrates, había de imponer si- 
lencio á los espíritus cavilosos. Pero ya que la 
naturaleza de nueste acción diplomática se ha re- 
velado, y es correcta^ y nos honra, y merece el 
aplauso de la sinceridad independiente, corresponde 
dejar aquí esta sencilla actuación, á manera de cró- 
nica, que la Historia podrá tener en vista cuando 
trate de apreciar la conducta de los ciudadanos que 
creen haber prestado un servicio á la República. 

Ahora, en cuanto al hecho en sí, descartados los 
hombres, es un acto que reconocerá como suyo la 
democracia americana. Por ahí vendrá el desarme 
paulatino de los ruinosos ejércitos, y la guerra, ese 
argumento brutal que llamó Hegel « cambio san- 
griento de ideas », como un cactus maldito se per- 
derá en el suelo de América, definitivamente ven- 
cida por los acuerdos de la mediación y los laudos 
del arbitraje. Los países que por razón geográfica 
y por índole no pueden ni quieren acariciar pre- 
tensiones de imponerse por la fuerza, están vital- 
mente interesados en acreditar precedentes de inter- 
nacionalidad culta y pacífica, porque ellos formarán, 
á la larga, la defensa más segura de su soberanía. 



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- 62 - 

El Uruguay hace bien en acentuar su política en 
ese sentido, porque su prosperidad no está en el 
campo de batalla sino en el campo de trigo, y por- 
que también él va á pedir con justicia á un poderoso" 
íimigo la navegación del Lago Merín y del río Ya- 
guarón, cuya clausura es un fenómeno de atavismo 
colonial, deprimente para la moderna política bra- 
silera. Es preciso abrir los brazos al derecho ajeno, 
en la certeza de que se elabora la garantía del dere- 
cho propio. Desde ííueva York, desde aquella región 
portentosa que más de un país de estas alturas, con 
criterio enteramente aborigen, ha supuesto en acecho 
de los pueblos latinos, desde aquel pueblo alegre y 
fuerte, llega en estos días al Plata el más noble pos- 
tulado en favor de la fraternidad, de la justicia 
recíproca, de la sinceridad internacional. Es el Pre- 
sidente Cleveland que dice solemnemente al Congre- 
so de la gran República : 

« La historia de nuestro comercio con las otras 
naciones, y las inmejorables relaciones en que con 
todas ellas nos encontramos, demuestran la ventaja 
que resulta de seguir una política exterior siempre 
firme, pero siempre justa, libre de toda envidia y 
ambición y caracterizada por una honestidad á toda 
prueba. » 

Quien -tiene ojos, vea; quien tenga oídos, oiga. 

Por decirlas quien las dice y por venir de donde 
vienen, esas nobles palabras deben repercutir pro- 
fundamente en las cancillerías de aquellos pueblos 
americanos que aun creen poder fundar algún pro- 
greso estable sobre la base de la conquista, sea co- 
mercial 6 política. 



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— 63 — 
IX 

El Puerto de Montevideo 

En el plano de nuestro horizonte sensible, aun- 
que aun en lontananza, dejamos ya señalado el inte- 
rés que el Uruguay va jugando en esta amistosa 6 
importante partida. 

Es la nuestra una vasta cuestión bilateral, — 
un gran problema cuya solución va á encadenarse 
con la de otro problema mayor. Nuestra impor- 
tancia comercial y .marítima en el Plata va á ser 
la resultante de nuestro futuro puerto, cuya cons- 
trucción acertada es un claro anhelo del patrio- 
tismo, — que ya querría adelantarse al tiempo y 
tener la visión de Montevideo en prosperidad mag- 
nífica, repleta su amplia dársena de buques en ac- 
tividad, — flameando en la bahía las banderas de 
todas las naciones, — el aire negro por el humo de 
la hulla y asordado por los gritos estridentes de las 
bocinaSj por el jadear de las hélices, por el ludi- 
miento sordo de los grandes fardos de mercancías, 
por el chirriar de las enormes grúas á vapor er- 
guidas á millares sobre los muelles y malecones, 
cargando trasatlánticos desmesurados, capaces de lle- 
varse de una vez la carne de veinte rodeos, la lana 
de cien rebaños, el trigo de mil parvas! Y en medio 
de todo eso, de toda la vida del interior de América 



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-- 64 — 

expandiéndose hacia Europa, un pueblo atareado, 
circulando en la fatiga honrada del trabajo, un 
pueblo sufrido, alegre y fuerte, los hombres su- 
dando, fornidos ! 

Es tan grande el problema de nuestro Puerto, 
que por la sola virtud de su grandeza ha podido 
escaparse á la voracidad haitiana dé los máís auda- 
ces negociadores. Lo han cercado apetitos, k> han 
acorralado enredos, pero su propia magnitud espe- 
cífica lo ha hecho romper las redes de ío& más 
avezados pescadores, fee le ha querido vender, se 
le ha querido licitar; ha sufrido una avalaneha de 
24 proyectos. Abara está libre de sorpresas y de 
impericias. El cuidado pdblico y la buena fe ofr- 
cial le han hecho la guardia, correspondiendo al Go- 
bierno anterior, que presidid el doctor don Julio 
Herrera y Obes, el honor de haber proyectado y 
obtenido la &an<3Ídn de una ley que roded al puerto 
futuro de una verdadera valla de seguridad y lo 
puso sobre la trocha de los estudios definitivos. 

La actualidad del asunto es la siguiente : El Go- 
bierno está autorizado para proceder al estudio 
del proyecto de Puerto sobre bases claras j pre- 
cisas, nombrando una Comisidn de Ingenieros, que 
deberá ser integrada con dos d tres extranjeros 
de reputacidn notoriamente acreditada en materia 
de trabajos hidráulicos. 

La Comisidn de Ingenieros nacionales está ya 
formada y trabajando en la compiíaeidn de datas 
hidrográficos, meteoroidgieos y raareográfieos, como 



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— 65 — 



preparación á los estudios que deben lleva 












cabo para llegar al conocimiento exacto del régir^eu \\^ ^f^ 
de la bahía y poder entonces planear la magna s^^^V*^^^"' 
lución; abarcándolo todo, sin omisión de factoresV^ 
que puedan, irrogar la alteración del producto. Ese ^^^_ 
trabajo ingrato y arduo es el que ocupa ahora á 
la Comisión de Puerto, y hará bien en no preci- 
pitarse, por más patrióticas impaciencias que la 
espoleen, — porque sobre ese trabajo suyo va á 
asentarse la grande obra definitiva, y ¡ay de Mon- 
tevideo si fallasen las previsiones de la ciencia y 
su Puerto resultase incompleto ! 

Para dar en estos apuntes la última impresión 
respecto á esta importantísima obra nacional que hoy 
constituye sin duda el problema más grande de los 
que con nuestro porvenir pueden relacionarse, re- 
currimos al reportaje, ese hábil recurso de la prensa 
moderna para saberlo todo. No inútilmente tene- 
mos hecho en el diarismo un noviciado de diez 
años. Hablamos expresamente sobre el Puerto con 
un distinguido miembro del Gobierno. 

Sus vistas — las del Poder Ejecutivo — son de pru- 
dencia, activa, pero lanzada al firme. Siente el Go- 
bierno la inmensa responsabilidad que pesa sobre 
su patriotismo y sabe que no tiene derecho de 
equivocarse. Así toma la cuestión. Por eso marcha, 
pero con solidez, sin responder á -las expectativas 
y d las críticas impacientes, pero sin olvidar ni un 
día, ni dejar un momento de mano las gestiones 
destinadas á realizar el proyecto de Puerto sobre 
fundamentos de verdadera solidez científica. « No 



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— ce- 
es difícil, nos dijo nuestro elevado informante, que 
dentro de poco 'tiempo, tal vez dentro de sema- 
nas, reciba el país otra sorpresa análoga á la del 
Tratado de la AsuDción. Pero ésta, por serle más 
directa, le será más grata. Ya sabe usted -cómo 
piensa el Gobierno en tan capital asunto. No quiere 
tantear, sino edificar sobre terreno firme. Si el Gro- 
bierno hubiese querido, los estudios del Puerto se 
podrían haber empezado hace ya meses, porque 
propuestas no han faltado, y serias. Pero se pide 
más porque se necesita más. Nosotros no podemos 
resolver nuestro problema como han resuelto el 
suyo Buenos Aires y La Plata, que de cualquier 
modo han salido ganando, á pesar de los defectos 
notorios y las deficiencias insanables de sus puer- 
tos ; nosotros tenemos que hacer un Puerto, desde 
luego, mucho más difícil que los suyos, simples 
puertos de excavaci<jnj y sobre todo, tenemos que 
hacer una obra definitiva, y más aún, tenemos que 
hacer una obra superior en grado saliente á sus 
similares del Plata, porque de lo contrario, por 
buena que resultase, sería un desastre, que arras- 
traría consigo nuestras más justas ambiciones de 
porvenir. Y eso es preciso que no suceda. Todo el 
tiempo que para evitarlo se emplee será tiempo ga- 
nado. Es preciso, absolutamente preciso que nuestro 
Puerto no sea sólo un Puerto bueno, sino que debe 
ser un Puerto superior! En igualdad de condicio- 
nes nos aplastará siempre la superioridad argentina 
y nuestras grandes ventajas geográficas se queda- 
rán en el mapa. Lo repito : el Gobierno no tiene 



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— 67 — 

derecho á equivocarse en esto, y se atendrá á su 
derecho. » 

Obtuvimos de nuestro reportaje ]a convicción de 
que no se pierde tiempo ni se ahorra esfuerzo para 
iniciar con toda seriedad y cuanto antes las obras 
del Puerto, que determinarán desde luego una Egira 
de actividad, de esperanza y trabajo; y que una vez 
terminadas, una vez librado el Puerto á la navega- 
<;ión, con toda su amplitud, con sus canales de 30 
pies de fondo, su superficie interior de 300 hectá- 
reas, sus dársenas anchas de 300 metros, sus ram- 
pías largas de 8,000 metros, y abrigado, higiénico, 
seguro, colosal y económico, dará potentísimo vuelo 
al Comercio y la Agricultura, ésas que llamó nues- 
tro sabio Larrañaga « las dos ruedas sobre que gira 
el gran carro cargado con todas las riquezas de las 
naciones », y operará una trascendente modificación 
en las comunicaciones del mundo. Nuestro terri- 
torio será entonces como un amplísimo cauce por 
donde saldrán al vasto océano buscando mercados 
recíprocos los productos que la Naturaleza y la In- 
dustria empujarán desde las regiones interiores del 
Continente. En esos grandes días ya circularán por 
todo el territorio americano las mil arterias irradian- 
tes de los dos grandes organismos ferroviarios que 
hemos indicado varias veces : la línea Interoceánica 
y la línea Intercontinental. 



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— 68 — 



Porvenir ! 

Bien quisiéramos explicar, siquiera fuese en 
compendio, lo» grandes lincamientos de esas dos 
empresas del futuro que han de matar sin violen- 
cia una serie de enemigos del hombre civilizado: 
el Monopolio, la Barbarie, la Guerra, la Tiranía 
el Desierto. Pero escribiríamos dos tantos de lo 
que queda detrás, y tendríamos apenas vencida la 
primera jornada. Además, tan amplio tema rebal- 
saría de estas páginas y avasallaría el objeto espe- 
cial del presente folleto. Si la acogida que á éste 
se acuerde nos estimula, trazaremos en otro el dia- 
grama de aquellos dos grandiosos pensamientos 
(sobre cuya doble vía debe hacer el siglo XX su 
entrada triunfal en el tiempo), y con los cuales 
tienen relaciones obligadas todas las vías, todas las 
comunicaciones, fluviales, marítimas, terrestres, de 
interés general ó local, grandes 6 pequeñas, prós- 
peras 6 atrasadas, que el espíritu de empresa <5 la 
necesidad de las regiones ó la previsión de los 
Gobiernos han venido tendiendo sobre la superfi- 
cie de los instados Americanos. Y pondremos en- 
tonces en relieve la misteriosa é instintiva manera 
como han venido concurriendo á aquel gran fin 
definitivo sin saberlo, y como se acercan á él día 



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— 69 — 

por día, todas las trochas abiertas en el silencio 
de las soledades. 

El Estudio de los Ferrocarriles Sud-Amerí^anos 
hecho por el Ingeniero don Juan José Castro, ac- 
tual Ministro de Fomento de nuestro país, eviden- 
cia de un modo preciso, decisivo, la próxima facti- 
bilidad de tan portentosas empresas. Ese libro 
(donde la constancia, el saber y el talento se equi- 
libran para llegar á componer una obra que sería 
notable en cualquier país y que es excepcional y 
única en el medio científico de Sud- América) es- 
tudia previamente en detalle, con elocuente claridad, 
el desarrollo ferroviario de cada país sud- americano, 
y lucíío toma ese conjunto desordeuado é indó(3Íl 
de redes de hierro, las agrupa, las somete, y utili- 
zando sus trazados, caprichosos siempre y á veces 
absurdos, sin olvidar á ningún Estado, sin |)resciu- 
dir de nadie, probando claramente las ventajas de 
cada uno y la gloria final de todos, presenta irre- 
futables, prácticas, obligadas por la convouiencia 
común, señalando á la civilización nuevas coucjuis- 
tas, al comercio inesperados emporios, á la ri(|ueza 
vegetativa increíbles rendimientos, á la comunicación 
universal nuevos y rápidos derroteros, las dos gran- 
des arterias del futuro : la Intercontinental, desti- 
nada á unir á las tres Américas con su abrazo de 
hierro, y la Interoceánica, encargada de reemplazar 
al Istmo de Panamá uniendo rápidamente el Pací- 
fico al Atlántico. 

A ese objetivo grande, espléndido, civilizador, 
americano, le trae el Tratado de la Asunción un 



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— 70 — 

directo é importantísimo contingente: abre la selva 
selvaggia al paso crepitante del convoy á vapor ; 
quita el desmesurado obstáculo del Chaco del ca- 
mino de la civilización continental. Porque esta 
solución del Tratado, esta navegación del río Para- 
guay, no es más que una solución, importante^ pero 
temporal — un recurso indispensable, pero transito- 
rio de vida, que viene á preparar las comunicaciones 
definitivas; que anunciará al Desierto el adveni- 
miento de la locomotora. Por medio de la nave- 
gación que va á establecerse irá el Plata á la alti- 
planicie boliviana en siete días; por medio de la 
ferrovía futura, iremos de Montevideo á Rivera, de 
Rivera á San Borja, de San Borja á Santo Tomé, 
de Santo Tomé á Posadas, de Posadas á Villa En- 
carnación, de allí á Pirapó y de Pirapó á la Asun- 
ción, recorriendo 1384 kilómetros y vadeando en 
barcas porta -trenes el Uruguay y el Paraná, — 

todo en VEINTIOCHO HORAS. 

El comercio europeo llegará al Paraguay en 25 
días, en vez de los 40 que hoy emplea. Y de allí en 
24 horas más, atravesando el Chaco, — ese Chaco que 
es el principal obstáculo existente á estos porten- 
tosos desenvolvimientos del futuro — llegaremos al 
clásico país de la plata, á Sucre, á La Paz, donde 
entraremos sin demora alguna en el gran movimiento 
circulatorio del sistema intercontinental. 

Este mañana cercano, este porvenir magnífico, esta 
civilización feliz que se nos brinda á todos es lo que 
debe servimos, servir á los patriotas paraguayos de 
elemento de juicio para determinar los más elevados 



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— 71 — 

giros en el debate del Tratado de límites. Nosotros 
estamos interesados, — cierto! Pero es un interés 
americano el que nos inspira y apasiona; es un in- 
terés que no puede ser sospechado porque reviste 
las virtudes de una gran causa común. Este egoísmo 
lo exhibimos como un recio argumento de defensa. 
Afirmamos que el Paraguay y Bolivia, por mucho 
qjae hayan limitado las fronteras de su territorio, 
mucho más han extendido las fronteras de su por- 
venir. 

Y su porvenir es el nuestro; es el de todos. Perse- 
guirlo es la consigna de los pueblos que, cual nuevos 
Ulises pnidentes y esforzados, en Odisea común de- 
ben buscar los rumbos de la Isla de Itaca, entrevista 
en los sueños profetices. 

¡ Qué empresa ! y también ¡ qué gloria ! 

Amigos de América: vamos al porvenir, que está 
esperando. « Levantemos la mano para dar la señal 
de la partida. » No haya quien se obstine en cerrar 
los desfiladeros á la marcha fatigosa y triunfal. 
Paraguayos: Quitad de ahí ese desierto; dejad 
libre ese río!.... Apresuraos, — porque es pre- 
ciso que ninguna energía se pierda y que podamos 
empezar á contar, como Hércules, los trabajos por los 
días. El autor del admirable libro que nos ha servido 
de guía, dice eMo con enérgica ansiedad: «El hom- 
bre vive poco; los años de vigor y de mayor ac- 
tividad en los que procura alcanzar la posición am- 
bicionada para asegurar su porvenir y el de los 
suyos, es sumamente fugaz; apenas se presenta en 
el curso de la vida cuando ya se siente des- 



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^ 72 ^ 

. aparecer; multiplicar la acción y los efectos de la 
vida activa en ese corto período del apogeo de las 
energías es una aspiración suprema, porque á esa 
«o^dición únicamente pueden levantarse las nacio- 

^•iifeS sobre el nivel común. — Aquellas que por el 
esfuerzo individual y colectivo han logrado acumu- 
lar én un tiempo limitado mayor suma de trabajo 
'" útil en las diversas esferas de la actividad humana, 
ésas serán las más fuertes, las más vigorosas, las 
más independientes. La celeridad en las comunica- 
ciones se presenta como un factor de necesidad 
primordial, de que no pueden prescindir los pue- 
blos en formación sin exponerse á retardar inde- 
finidamente sus períodos evolutiv'^os, — las comuni- 
caciones realizarán el alto cometido de romper el 
aislamiento actual y facilitar el intercambio entre 
los Estados Americanos. » 

No perdamos el tiempo, pues, — no cerremos los 
ojos á la luz que viene á iluminar los nuevos ho- 
rizontes como incitándonos á trasponerlos. Para 
marchar sin rezagados es preciso que cada pueblo 
se aligere de las cargas retardatarias, — unos de sus 
desalientos, otros de sus discordias, éstos do sus in- 
transigencias, aquéllos de sus desiertos. Así la mar- 
cha será igual é incontrastable, los progresos armó- 
nicos, y el bienestar social compensará las augustas 
fatigas del trabajo; Dios, la esencia infinita, estará 
para siempre en las conciencias ; el pensamiento del 
hombre llegará á tas regiones del prodigio; la ci- 
vilización, la Minerva cristiana, extenderá su égida 
sobre los pueblos de América, y América irá en- 
tonces á la vanguardia del mundo ! 



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— 73 — 

¡ Amigos del Paraguay : Dejad libre ese ríol 
cad ese desierto del camino! 



Montevideo, 4 y 8 de 1894. 



XI 



\ 




Apéndice 

Mucho sentimos que la discreción diplomática im- 
puesta por la tramitación de un asunto que no está 
terminado todavía, pues fáltale la suprema sanción 
de los Congresos que han de considerarlo, nos im- 
pida atestar nuestra palabra con hermosos docu- 
mentos de cancillería y cartas confidenciales, desti- 
nadas á incorporarse al legajo histórico de este 
importante negociado, y algunas de ellas á ser tim- 
bre de honor para quienes las han suscrito al ca- 
lor de pensamientos que, como las obras de Esquilo, 
deben dedicarse á la sanción dql tiempo. 

Nosotros entregamos sencillamente á la discusión 
estas páginas, producto apresurado de cuatro ó 
cinco días de trabajo, con la profunda creencia de 
que serán realizadas las previsiones que contienen, — 
y entonces, — nunca será tarde, — veremos con alegría 
cómo reemplazará á las sonrisas incrédulas el apretón 
de manos de la sinceridad. 

«Ser un homérida, aunque sea el último, es una 
bella cosa. » Así empezaba Goethe uno de sus 



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— 7á — 

poemas, y así concluímos nosotros estas hojas fu- 
gaces, afirmando que será una bella cosa . poder 
decir, después del triunfo, que se ha sido soldado, 
aunque sea el último, en esta humanitaria y gran- 
diosa Cruzada. No ambicionaríamos mayor título de 
hoijior para nuestros hijos. 



He aquí los documentos que se han publicado, 
y que tienen positiva significación para apreciar la 
importancia de la mediación oriental en el arreglo 
de límites paraguayo -boliviano: 



Asunción, Noyiembre 5 de 1894. 
TELEGRAMA 

El Ministro de Bolivia á S. E. el señor Jaime Estrá- 
zulas. Ministro de Relaciones Exteriores. 

Montevideo. 

Cumplo el grato deber de felicitar y agradecer al 
Gobierno Oriental por la conclusión del litigio bo- 
liviano-paraguayo, congratulándome también de la 
acertada dirección impresa al negociado por el repre- 
sentante oriental en esta República. 

Deseo presentarle personalmente mis expresipnes 
de alta estima. 

T. ICHASO. 



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— 75 — 



Asimción, Noviembre 24 de 1894. 



Señor Encargado de Negocios de la República Orien- 
tal del Uruguay, don Adolfo Basáñez. 

Me es grato comunicar á V. S. que con fecha de 
ayer firmé con el doctor Ichaso, Plenipotenciario de 
Solivia, el Tratado de límites que fija definitivamente 
las líneas divisorias dé las posesiones territoriales de 
las Repúblicas del Paraguay y Solivia. — Tanto mayor 
es el placer que experimento al hacerle esta comuni- 
cación, cuanto que reconozco la importancia de los 
buenos oficios que V. S. ha ejercitado con altura é 
inteligencia, á nombre del Excmo. Gobierno de la 
República Oriental del Uruguay que tan digna- 
mente representa, en la negociación diplomática 
confiada á los plenipotenciarios de ambos países 
en disidencia. Las cordiales relaciones que V. S. 
ha sabido cultivar con los dos negociadores, boli- 
viano y paraguayo, y la alta consideración que á 
éstos han merecido los buenos oficios del Gobierno de 
su digna representación, no han sido extraños á la 
conclusión del Tratado de límites que tan felizmente 
ha puesto término á la enojosa cuestión territorial 
entre el Paraguay y Solivia. — Pidiendo á V. S. se 
digne hacer presente á su Gobierno la expresión de la 
gratitud del Paraguay, por la noble y fraternal actitud 
que ha asumido en la mencionada cuestión de límites, 
me complazco en hacerla extensiva al digno represen- 
tante diplomático de la República Oriental, á quien 



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— 76 — 

tengo íbI honor de dirigirme con los sentimientos de 
la más alta distinción. 

Gregorio Benítez. 



Legación de Bolivia. 

A8unci<5n, Noyiembre 2b de 1S94. 

Señor Ministro : 

Pbr telegramas del 9 del corriente tuve el honor 
de comunicar á V. E. que el representante orien- 
tal en esta República señor don Adolfo Basáüez, 
desenvolvía satisfactoriamente los buenos oficios de 
que había sido instruido para interponer á propó- 
sito de la cuestión de límites que tenían pendiente 
Bolivia y el Paraguay. 

Me es grato confirmar aquel despacho, poniendo 
en conocimiento de esa cancillería que el expresado 
señor Basáñez, con sagacidad que le recomienda, 
logró reanudar las negociaciones suspendidas, por 
medio de una conferencia á la que concurrieron el 
entonces señor Presidente de la República don 
Marcos A. Morinigo, y los generales Egúsquiza, 
Caballero y Escobar, además del infrascrito y del 
mencionado diplomático. Expuso éste en términos 
precisos y oportunos, la complacencia con que su 
Gobierno vería terminar satisfactoriamente el largo 
litigio que separa á dos pueblos hermanos. Res- 



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— 77 — 

pondíle agradeciendo cordialmente la noble actitud 
asumida por su ilustrado Gobierno. Reabiertias las 
gestiones, ' se cambiaron nuevas fórmulas de ad- 
venimiento, en las cuales presenté de mi parte las 
disposiciones más conciliatorias en obsequio á la in- 
tervención oriental, habiéndose suscrito eu conse- 
cuencia el pacto de límites del 23 del corriente, 
que viene á dar amistoso término á la enojosa 
cuestión que sostienen Bolivia y el Paraguay. 

No puedo, por lo mismo, dispensarme de acredi- 
tar, por medio de esta nota, la viva gratitud con 
que mi Gobierno ha recibido los amigables oficios 
interpuestos por el de V. E. 

Debo también hacer constar con tal motivo, ante 
V. E., la acertada dirección que el señor Encar- 
gado de Negocios de ese país ha dado á su difícil 
cometido. 

Aprovecho tan grata oportunidad para renovará 
V. E. las seguridades de mi más distinguida con- 
sideración. 

T. IciíAso. 

A S. E. el señor doctor don Jaime Estrázulas, Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores. — Montevideo. 



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— 78 - 

Legación de la República Oriental del Uruguay en 
el Paraguay. • 

Asunción, Noviembre 27 de 1894.^ 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de transcribir á V. E. la nota 
que con esta fecha me ha dirigido el Excmo, se- 
ñor Ministro Plenipotenciario de Bolivia, doctor don 
Telmo Ichaso. — «Legación de Solivia. — Asunción, 
Noviembre 27 de 1894. — Señor Encargado de Ne- 
gocios : — Terminada como está la intervención 
amistosa que en nombre del Gobierno Oriental ha 
ejercido V. S. para dar solución pacífica al litigio 
territorial sustentado por Solivia y el Paraguay, 
cumplo el grato deber de manifestar á aquel Go- 
bierno y á su ilustrado Representante, el recono- 
cimiento que por tan noble actitud abriga la can- 
cillería de mi patria, acreditándole^ al propio tiempo, 
la expresión de mis sentimientos personales. Puede 
V. S. estar seguro de que la sagacidad con que ha 
llenado su misión en el delicado asunto á que me 
refiero, será estimada no solamente por los que en 
él tomaron parte, sino por cuantos han seguido con 
algún interés su curso y desarrollo. En efecto, sabe 
V. S. que la disposición pronunciadamente conci- 
liatoria que asumía en los últimos momentos, y que 
contribuyó á la celebración del pacto de límites del 
23 del corriente, obedecía, con especiahdad, á mi 



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— 79 — 

deseo de corresponder á los fraternales propósitos 
de la República Oriental expuestos con amistosa 
franqueza 7 justiciera lealtad. Al tomar el camino 
de mi país con aquel pacto que termina, la vieja 
cuestión Boliviano -Paraguaya, me acompañará el 
recuei*do de los buenos oficios interpuestos por 
V. S. y el concepto merecido por sus prendas per- 
sonales. Con tan agradable motivo, reitero á V. S. 
las seguridades de mi distinguida consideración. 

T. ICHASO. 

A S. S. el señor Adolfo Basáñez, Encargado de 
Negocios de la Repáblica Oriental del Uruguay. 






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• V. 



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